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Año IX - Madrid, viernes 1 de junio de 2007
 
 
Maria Kizirian. “Una rockera finlandensa, en San Francisco”
Por Rafael Alba
 




 

El peculiar rock de Finlandia saltó a las primeras páginas de los periódicos europeos el pasado año, cuando el heavy maqueado de Lordi se alzó con la victoria en el festival de Eurovisión. Como suele suceder cuando algún artista llegado de países exóticos emerge, se pone de manifiesto la existencia de una escena, a veces vital e interesante, que hasta entonces había pasado desapercibida. Y esa, en muchas ocasiones, feliz circunstancia sirve para que afloren otros artistas. En este caso, la roquera rubia de potente voz Maria Kirizian que se ha ido a vivir a San Francisco para captar las esencias del género. Una artista nacida en las frías tierras del norte de Europa, a la que hoy “El Café de las Artes” se complace en presentar.

Antes del viaje, y antes de su paso decidido a las filas del rock femenino, la Kiziarian había realizado estudios de violín y piano en el conservatorio y empezado a cantar en su país natal. Entonces, la división finlandesa de Emi se propuso lanzarla como estrella del pop, con idea de aprovechar el físico de la artista y convertirla en una réplica de escandinava de Britney Spears o Christina Aguilera.

Y casi lo consiguen. De hecho, el primer álbum de la Kizirian, "Once upon a time", adquirió rápidamente la categoría de superventas en su país natal y todo parecía indicar que María seguiría este fácil camino trillado en el que había conseguido clarísimos avances en un corto espacio de tiempo.

 
 

Pero, contra todo pronóstico, la artista finlandesa se salió del carril. Decidió viajar a EEUU para capturar las raíces de la música que realmente le interesaba y empezar desde cero. Una afortunada decisión que le ha permitido grabar “On the Rocks”, un disco aparecido este año en el que pueden detectarse con claridad los intereses y las influencias de la artista, cercanos a grandes nombres del rock femenino de los 80 como Pat Benatar o Crissie Hynde. Pero su voz y la potencia que le permite desarrollar su banda sitúan su trabajo en territorios de mayor claridad.

A pesar de su juventud, las fórmulas del rock vitamínico no le han llegado por medio del trabajo de los alquimistas que suelen operar en los laboratorios de las multinacionales. En sus tiempos finlandeses ejerció de telonera de grandes nombres clásicos del género más duro, como Deep Purple o Bad Religion, de los que aprendió que la entrega en el directo es una de las bazas fundamentales con las que cuenta una artista de rocanrol.

Quizá por éso, ahora no ha dudado en embarcarse en una gira interminable por toda California que, desde su base de San Francisco, está dando a conocer su nombre, incluso más allá de los territorios anglosajones del Estado. También en las áreas norteñas de México, donde este tipo de música, en su derivación más rural que urbana, siempre ha encontrado una acogida favorable.

Y, en fin, aquí la tienen. Escúchenla –mírenla también si les apetece- y apunten el nombre. Hagánlo, porque María Kizirian no tardará mucho en llegar al estrellato. Y quizá entonces su rocanrol no sea tan puro y sugerente como es ahora.
   
   

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