Pero, contra todo pronóstico, la artista finlandesa se salió del carril. Decidió viajar a EEUU para capturar las raíces de la música que realmente le interesaba y empezar desde cero. Una afortunada decisión que le ha permitido grabar “On the Rocks”, un disco aparecido este año en el que pueden detectarse con claridad los intereses y las influencias de la artista, cercanos a grandes nombres del rock femenino de los 80 como Pat Benatar o Crissie Hynde. Pero su voz y la potencia que le permite desarrollar su banda sitúan su trabajo en territorios de mayor claridad.
A pesar de su juventud, las fórmulas del rock vitamínico no le han llegado por medio del trabajo de los alquimistas que suelen operar en los laboratorios de las multinacionales. En sus tiempos finlandeses ejerció de telonera de grandes nombres clásicos del género más duro, como Deep Purple o Bad Religion, de los que aprendió que la entrega en el directo es una de las bazas fundamentales con las que cuenta una artista de rocanrol.
Quizá por éso, ahora no ha dudado en embarcarse en una gira interminable por toda California que, desde su base de San Francisco, está dando a conocer su nombre, incluso más allá de los territorios anglosajones del Estado. También en las áreas norteñas de México, donde este tipo de música, en su derivación más rural que urbana, siempre ha encontrado una acogida favorable.
Y, en fin, aquí la tienen. Escúchenla –mírenla también si les apetece- y apunten el nombre. Hagánlo, porque María Kizirian no tardará mucho en llegar al estrellato. Y quizá entonces su rocanrol no sea tan puro y sugerente como es ahora.