Por empezar con un nombre lleno de referencias que aún se mantiene con plena potencia creativa conviene reivindicar una vez más el trabajo de Celeste Carballo.
Una de las primeras roqueras femeninas del universo latino, sin la cuál quizá no habrían existido nunca Julieta Venegas o Cristina Rossenvige.
Celeste consiguió ser superventas allá por 1982, con “Me vuelvo cada día más loca”, un impactante disco, donde la tradición bluesera, plagada de referencias a la difícil vida cotidiana y la situación social y política, se mezclaba con una música potente de raíz y condición roquera. El éxito le permitió en la época ejercer de telonera de estrellas internacionales como Peter Gabriel, Bob Dylan o Santana. Otro de sus trabajos fundamentales de aquella década fue “Celeste y la Generación”, producido por Charly García. En los años dorados, esta cantante consiguió llenar en varias ocasiones el estadio Obras de Buenos Aires con capacidad para 40.000 personas.
Los avatares de las modas, la han apartado últimamente de las audiencias masivas, pero no de su fiel legión de fans, repartida por todos los países hispanoparlantes. Y también por Francia o Australia, sin ir más lejos. Esta Mercedes Sosa del blues, en cuya voz pueden percibirse los ecos de la gran Janis Joplin, sigue viva y bien. Y resulta francamente recomendable escuchar su trabajo actual, del que hoy les ofrecemos otra muestra.
Fabricio Rodríguez es otro bluesero del que conviene tener noticias. Virtuoso de la armónica y reputadísimo músico de sesión que ha compartido escenario y discos con los grandes de siempre en el rock argentino como León Gieco, el autor de “Sólo le pido a Dios”, un himno pacifista popularizado por la cantante española Ana Belén. Además, Fabricio también ha sido fundamental en el sonido de las nuevas luminarias de la escena bonaerense como “Divididos". Su trabajo personal, canalizado a través de Mr. Mojo, una banda con la que ha hecho varias giras por EEUU, ofrece menos concesiones a las músicas de mayor tirón comercial, pero se muestra en plenitud de furia, ritmo e impacto.
Y, para terminar esta selección, en la que a la fuerza quedan fuera muchos nombres igualmente recomendables, otras dos mutaciones del género: Los Redonditos de la Ricota, un combo creado por músicos que iniciaron su andadura en los sesenta y que dejaron una huella permanente e imborrable en el blues argentino, a través de sus múltiples formaciones y Agente Causante, los más nuevos y quizá la banda en la que el aliento del pop argentino de siempre se hace más perceptible.