a
 
Año IX - Madrid, viernes 28 de septiembre de 2007
 
 

Carta a los Reyes...

Voy a pedir un montón de deseos y de cosas, tantas como el presente concurso de tres folios lo permita, quiero tener opción al puzzle de tres mil piezas y convertir cada una de ellas en un hermoso deseo:

Quiero juguetes para todos y cada uno de los niños del mundo. Quiero también que las chocolatinas y todas las chuches sean gratis.

Quiero que las armas disparen corazones que estén locos de amor.

Quiero que las pelis de vampiros se hagan realidad, quiero vivir eternamente y que la sangre sea de chocolate, crema o nata, según el color de la gente, y quiero vivir así, de morreo cuando tenga apetito de tus besos, y si tú me lo permites, amor mío, poder beberte saciando mi sed de verte.

Quiero que los psicólogos y sus derivados sean de este mundo. Y quiero que los pediatras, cirujanos, oculistas y dentistas sean gratuitos para todos los niños y para sus abuelos. Y quiero dejar de fumar.

Quiero que el pelado ése de la tele, que sólo aparece por Navidad, reparta más suerte, y todos los días del año. Y si ustedes ven a Dios, díganle que reparta más amor, que dé más oportunidades y que se incline por la igualdad.

Quiero que los educadores eduquen, que los maestros me corrijan mis faltas y no me regañen por ellas, por mis errores.

Quiero una metralleta de juguete; la más grande, la que haga más ruido, para jugar a una nueva forma de hacer la guerra. Yo jugaré con mi hijo, que sea él quien me mate cuando me dispare sus carcajadas y sus risas, risas de un niño feliz que juega a no hacer daño a quien ama. No quiero la guerra, quiero el amor que vive dentro de ella.

Quiero pedir también por todos aquellos que no han aprendido a vivir en paz. Quiero un balón de oxígeno para todos ellos, que mediten sobre la incertidumbre económica de los pueblos y de la actualidad en que vivimos. Que reflexionen, y si alguno de ellos ostenta algún poder de decidir sobre los demás, que sea un poco más justo y poder augurar así una buena época. Será la antesala de la felicidad.

Quiero lo último en tecnología móvil. Un nuevo estilo de vida, y todo digital; teléfonos con cámara, reproductores MP3 de tamaños increíbles, con decenas de « gigas » de almacenamiento, con DVD y cámara digital; un sistema GPS de localización, y éste que sea pequeñito, para mi bolsillo. Me da igual la marca, y que sean dos. Es para hablar con mi hijo, al que hace tiempo que no veo ni escucho.

Quiero agua para los desiertos y fuego para los que sufren un crudo invierno. No quiero terremotos, ni nada de eso que hace que nuestros ojos brillen con sólo verlo.

Quiero que se proteja a los animales del peligro que corren a causa de los otros animales que habitamos la Tierra. Y que el diablo se vuelva ecologista, y que defienda el medio ambiente. Y no más hambre en la Tierra.

Quiero que las religiones dejen de ser un problema, como el inglés cuando trato de aprenderlo, y que, a ser posible, todos hablemos la misma lengua. Una lengua que tenga la alegría de Sevilla, y la pureza de un vasco cuando habla de su tierra, y la terquedad de un catalán al defender su lengua. Y que no muera más gente en las costas de Almería, en las pateras. Que los emigrantes seamos respetados fuera de nuestra tierra, que los españoles también emigraron cuando sufrieron la guerra y la pobreza. Mi abuelo fue uno de ellos y lloró mucho por no regresar a su patria.

Quiero reservar este espacio para todos aquellos que quieran expresar sus deseos:

 

-------------------------------------------------------------------------------------------------

-------------------------------------------------------------------------------------------------

------------------------------------------------------------------------------------------------

 

Quiero que mi hijo se críe sano y no conozca jamás esta miseria, que para eso ya estoy yo, que he vivido siempre en ella.

Quiero volver a enamorarme de una mujer bella, de ojos grandes, pelo largo, boca tierna y largas piernas, de pechos generosos, cuerpo exuberante y voz melosa..., algo que no se ve en la Tierra. O de la utopía tal vez. Yo quiero eso, sueño con la extravagancia y la fragancia, con toda ella.

Quiero que se despersonalicen los gobiernos. No me gustan Bush, ni Bin Laden, ni los terroristas de ETA. No me gusta que muera más gente, ni siquiera en accidentes. Y quiero viviendas asequibles para todos y bajo interés en las hipotecas. También quiero un trabajo digno para todos.

Quiero ver la tele en un cuarto más grande, y levantarme por las mañanas lejos de aquí. Que la muerte se espere a que la gente expíe sus culpas. Que los jueces y tribunales sean más benévolos, los fiscales más humanos y los abogados más sinceros.

Quiero caminar por la calle sin cámaras que me graben, ni semáforos, y poder robarle así a la vida un ratito de paz. Quiero ver a los pájaros y palomas volar, fundiéndome en un abrazo con el aire que he de respirar. Quiero creer que Dios existe hasta que yo abandone este lugar.

Por todo ello, mis queridos Reyes, y esperando que realmente sean magos de verdad, ¡Lo que van a necesitar para cambiar todo esto y así poder ver cumplidos mis deseos! Todos. Quiero que cambie mi lindo planeta Tierra.

Tengo muchos más cosas que pedirles, pero con estas tienen por lo menos para un año de duro trabajo. Ojalá yo les pueda ver, y que los niños, que somos todos, volvamos a creer en ustedes: Los Reyes Magos, los de Oriente. Y que esa guerra de nada que viven por ahí no les impida hacer realidad estos sinceros deseos que humildemente les pido.

Les dejo agua y comida para ustedes y sus camellos. Por favor, que estos últimos, los camellos, queden fuera del recinto penitenciario, que de aquí pocos salen. Sólo recurriendo y recurriendo. Y lo último: intentar que apliquen la nueva Ley Orgánica 15/2003. La justicia sigue siendo muy lenta...

Respetuosamente,

 

Danirín

52 años

(Colombia)

 

  

Americaeconomica.com
Internet

 

 


 

 

 

 
 
Copyright© Americaeconomica.com - All rights reserved
Asesores de Publicaciones, S.L - España