Hablar de César Rodríguez es hablar de cafés-teatro en los que la intimidad y la complicidad entre el cantante y el público se dan la mano, de historias a pie de calle, de poesía, de música… Es hablar, sobre todo, de sentimientos, de calor. Un calor que envuelve cada nota de su guitarra y cada palabra de sus canciones. Cantautor de profesión y creador de sueños de vocación, a César es habitual verle actuar en el circuito de locales madrileños donde la magia se consigue con tan sólo una guitarra y algo que contar. Galileo Galilei, Clamores, Búho Real… son escenarios que durante algo más de 11 años han sido testigos de sus canciones. Pero para los que aún no le conozcan, él mismo se nos presenta: “César Rodríguez es un tipo de 30 años bastante normal metido en el jaleo de la música con todo lo que conlleva, alguien que trata de establecer solidez en un camino que lleva recorriendo durante algo más de 11 años. César Rodríguez es alguien que lo único que quiere es vivir de la música”.
Si algo caracteriza a César, es su humildad y el tener siempre los pies en la tierra, algo que podemos comprobar en la cotidianeidad que se respira en sus letras. Por eso, no duda en reconocer que, a pesar de llevar más de once años cantando, “uno se siente ‘como empezando' siempre” y recuerda “el haber sido muy consciente de lo que hago en todo momento ”. Para César, la música se ha convertido en una profesión que le ha permitido “crecer de una manera personal y profesional ” y que le ha ayudado a ir “forjando otros aspectos de la vida de un modo paralelo pero complementado”. Y es que la música y la vida misma se entremezclan en el trabajo de este cantautor de tal manera que es imposible distinguir qué canciones son pura invención y cuáles nacen de historias vividas en primera persona. “Muchas de ellas son vivencias personales y otras no tan personales, pero si muy cercanas”, nos cuenta. “Lo que pretendo transmitir es solamente lo que la gente esté dispuesta a rescatar de sí misma. Me gusta remover recuerdos y sentirme acompañado cuando me ocurren las mismas cosas que al resto”.
Conocedor de lo que ocurre a su alrededor y sensibilizado con los problemas sociales, son bastantes los actos por los que César se deja caer prestando su voz a aquellos que no la tienen. “Creo que hay que hacerlo, ya que tengo la posibilidad de hablar ante algunas personas con un micrófono en la mano”. Sin embargo, esa humildad de la que hablábamos antes le hace ser muy crítico con aquellos que hacen de esa oportunidad una bandera y asegura que no le atrae “la idea de quien lo hace manteniendo una pose y haciendo crecer una lista de seguidores por su supuesta solidaridad” ni “el tono panfletario de otros artistas” . Por ello, prefiere protestar con una canción como arma que con un mitin, aunque en algunas letras las reivindicaciones estén “camufladas entre líneas” y sirvan de ejercicio de reflexión para sus seguidores.
¿Solo o acompañado?
A pesar de su timidez, César se defiende solo en el escenario con su guitarra como único escudo. Sin embargo, no es raro verle actuar acompañado, más que de tres músicos, de tres amigos, tres personas de las que afirma estar aprendiendo mucho y que él mismo nos presenta: “ A Iván (percusión) y Manuel (violín) los conozco desde hace muchos años ya que eran asiduos a mis actuaciones y junto con su profesionalidad eso nos ha llevado a trabajar más cómodos juntos. A Jesús (bajo) lo he conocido más tarde y está imprimiendo en nuestra forma de sonar un montón de musicalidad. De ellos aprendo cada día cosas nuevas y creo que lo principal es eso”.
César afirma que “ese intercambio personal con el público es necesario” para él, pero reconoce que la compañía de este trío de artistas hace que en el escenario se respiren una “complicidad, un orden y una forma de trabajar distinta” , por lo que no renuncia a ninguna de las dos formas de llevar y transmitir su trabajo al público. Precisamente hoy, viernes 27 de julio, César Rodríguez actúa con ellos en la sala Galileo Galilei de Madrid, un concierto que, según el propio cantante, le hace especial ilusión. “Digamos que es la ‘antesala' a un montón de cosas que tenemos previstas para el comienzo de la nueva temporada tras el periodo vacacional que nos asiste en verano” , nos cuenta . Para él, al igual que para otros muchos jóvenes cantautores que buscan una oportunidad en el mundo de la música, actuar en esta sala considera que es “un placer y un orgullo para cualquier músico”.
Y con ‘la banda', como a él le gusta llamarles, mira al futuro con ilusión y con proyectos sobre la mesa. Así, César nos ha anticipado el que será su siguiente reto: “grabar una maqueta con algunos de nuestros temas para moverlo por algunas compañías”. Algo que espera que funcione y que, por fin, les dé la oportunidad de llegar más allá de sus incondicionales.