Algunos piensan que el tiempo del rock español ya pasó y que no hay mucho más que sacar del tema, que las bandas se arrastran vencidas en parte por la preferencia del público hacia fusiones de todo tipo que actualmente arrasan el panorama y en parte por no haber evolucionado su estilo en más de una década. En este contexto está Distryto 13, con la y puesta a propósito, un cuarteto que hace del directo su forma de supervivencia y que ha paseado su vuelta de tuerca al rock por todos los antros, salas pequeñas y salas más grandes de Madrid. Una de esas bandas nacidas en la esquina de una ciudad, que demuestra que el rock ha vuelto, mejor dicho nunca se fue, que está en plena efervescencia y que estallará de nuevo.
Con tan sólo tres años y pico de existencia y cuatro maquetas producidas por ellos mismos, y que pueden encontrarse en su web, www.distryto13.com, Víctor Gato, Manu Mendoza, Miguel de Antonio y Santi de Antonio han conseguido tener un estilo propio que no se parece a nada pero que ha mamado de todo, y han conseguido un buen número de seguidores a base de prodigarse por todos los escenarios que han encontrado libres, “en eterna guerra contra el aburrimiento”.
Tal vez la efectividad en los arreglos de un saxofón que machaca, en el buen sentido de la palabra, el cerebro del oyente desde el primer momento, es lo que más destaca en una primera escucha rápida. Pero si hay que desmenuzar algo, las letras merecen una especial mención.
Palabras que se cantan porque si no, no y que tienen su base, si puede ponerse alguna, en el tango y el folclore americano. Bruce Springsteen, Johnny Cash y Tom Waits figuran entre las principales referencias claves de Gato, cantante, guitarra y letrista del grupo.
Sobre sí mismos y su música los cuatro componentes de Distryto 13 aseguran que el hilo conductor que les mueve a hacer lo que hacen y como lo hacen es la pretensión de calar hondo. Y lo bueno de Distryto 13 es precisamente eso: la permeabilidad. Hacen su música para que se les escuche. No tocan de espaldas al público para parecer más guays. Invitan a ser escuchados, se presentan (amistosos pero sin secrecciones) y empiezan. Con la visera levantada, las gafas de ver de lejos caladas y las orejas desplegadas.
Quizá recomendar al lector que se acerque a los ejemplos con los que se acompaña este texto, una reseña sobre uno de esos grupos que comienza a asomar la cabeza y que no va a dejar que se la corten, y añadir que, si el lector tiene oportunidad, no deje de verlos en su medio de superviviencia: el escenario. www.distryto13.com