Los Jacqueline Trash son una de las propuestas más estimulantes que ha producido el rock argentino en el Siglo XXI, un grupo potente que basa su abrasador sonido en la vieja pero vigente fórmula de los grandes combos del Detroit de los setenta como MC5 o los Stooges. Una carta de presentación más que suficiente para que hoy, “El Café de las Artes” invite a sus habituales a disfrutar del insuperable poder de los riff salvajes de una guitarra incendiaria, aderezados, además, con la actitud correcta de una banda que aspira a hacer temblar los escenarios sobre los que ejerce su mágico ritual.
Según sus biografías oficiales, los Jacqueline Trash iniciaron su misión evangelizadora, que ejercen tanto en inglés como en Español, en el año 2004. La banda, fruto del nutrido movimiento autogestionario que han propiciado las nuevas tecnologías en Latinoamérica, se propuso desde el principio partir de unas raíces comunes claramente instaladas en el hard rock y la psicodelia y mezclarlas con tendencias que miran hacia el futuro como las bases funkys o las mezcolanzas electrónicas e incluso, si se me permite decirlo con algunos ecos, nada molestos por cierto, de luminarias, ahora en decadencia, como los mismos Red Hot Chili Peppers. Y como resultado de todo ello han conseguido producir un sonido verdaderamente propio que ellos definen como extravagante, veraz y visceral.
En los tres años que llevan funcionando han conseguido poner en el mercado un par de cd´s de larga duración, un ep y varias colaboraciones en recopilatorios, un rastro de su música grabada del que les ofrecemos aquí algunas muestras. Pero, según opinan, muchos de los componentes de la voluminosa nómina de fans de esta banda, los mp3´s disponibles no son más que una pálida y algo inexacta representación de la fortaleza que los chicos exhiben en sus actuaciones en directo que serían la verdadera razón de ser de este colectivo.
Conciertos que trasciende al mero hecho musical gracias al uso habitual de la imagen cinematográfica y la experimentación artística que conjuga diversas posibilidades al estilo de los happenings de los años sesenta, en una especie de orgía creativa o ceremonia del caos roquero controlado.
Unas presentaciones que, lamentablemente, no han adquirido aún la dimensión latinoamericana que merecen, lo que volvería a demostrar que, si la libertad que proporciona ahora Internet, no es capaz de solucionarlo, buena parte de la mejor música que se produce en estos momentos en los países de habla hispana se sigue encontrando con serias dificultades para traspasar las fronteras, encerrada en un territorio que la gran industria ha acotado entre la inevitable preponderancia de las tendencias anglosajonas y el rollito salsero light, con chicos/as neumáticos/as al frente, que Miami ha conseguido vender al mundo.
Quizá por eso, una vez más, en este “Café de las Artes” hacemos lo posible para darles a conocer a tipos tan interesantes como estos Jacqueline Trash, a quienes ahora, sin más preámbulos, les invitamos a disfrutar, aunque sea en las versiones enlatadas disponibles que, tal vez, puedan servir como aperitivo a una hipotética actuación de estos muchachos que les pille a pocos kilómetros de casa. Aunque a Emilio Estefan y a Kike Santander no les guste demasiado la idea de que se les revolucione el inmenso patio musical latinoamericano que explotan ahora con tanta placidez.