La explosión del nuevo country rock, que tiene ya más de dos años de antigüedad, sirvió, fundamentalmente, para que muchos viejos sonidos pudieran volver a venderse en los mercados musicales gracias a una flamante etiqueta: Americana. Esta denominación de origen sirvió para que algunos artistas olvidados recobrasen su lugar bajo el sol. Y también para que artistas de corte clásico pero con la mirada puesta en el presente encontrarán un hueco. Como la dulce cantautora, Jill Zutty, a quién hoy “El Café de las Artes” se complace en presentar.
Jill Zutty no esconde sus cartas. Ni sus intenciones de convertir su trabajo, más pronto que tarde, en carne para las listas de éxitos. Pero tampoco puede desprenderse de un cierto gusto por las historias negras y los sonidos oscuros que también forman parte de una personalidad musical forjada gracias a influencias dispares. Artistas femeninas como Joni Mitchell, Melanie, Judy Collins, Carly Simon, Sheryl Crow, Jewel, Celine Dion, LeAnn Rimes, Shawn Colvin, Sara McLachlan, Noe Venable o Tori Amos. Un amplio listado en el que hay de todo y ante casi nadie tendría algo que objetar.
La contradicción latente en su sonido parece haberse resuelto últimamente a favor del estilo predominante en su tercer álbum “You turn me on”, mucho más radiable y cercano al AOR que los anteriores. Pero, probablemente la decisión no haya sido fácil y tampoco se trata de un camino sin retorno.
De hecho, el debut de esta cantautora estuvo marcado por la incapacidad de decidirse entre las dos opciones. Por eso grabó y publico simultáneamente dos CD's, cada uno de los cuales respondía a una querencia diferente. El luminoso “Look in to my Herat”, forjado en la más pura tradición del country-pop más dulce y luminoso y el extraño e inquietante “Cold dark night” en el que el pulso roquero y la distorsión habitual entre las bandas alternativas estadounidenses que todavía veneran a Sonic Youth, marcaban el paso.