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Año IX - Madrid, viernes 26 de octubre de 2007
 
 
Jill Zutty: “Sangre nueva para el country rock”
Por Rafael Alba
 



 

La explosión del nuevo country rock, que tiene ya más de dos años de antigüedad, sirvió, fundamentalmente, para que muchos viejos sonidos pudieran volver a venderse en los mercados musicales gracias a una flamante etiqueta: Americana. Esta denominación de origen sirvió para que algunos artistas olvidados recobrasen su lugar bajo el sol. Y también para que artistas de corte clásico pero con la mirada puesta en el presente encontrarán un hueco. Como la dulce cantautora, Jill Zutty, a quién hoy “El Café de las Artes” se complace en presentar.

Jill Zutty no esconde sus cartas. Ni sus intenciones de convertir su trabajo, más pronto que tarde, en carne para las listas de éxitos. Pero tampoco puede desprenderse de un cierto gusto por las historias negras y los sonidos oscuros que también forman parte de una personalidad musical forjada gracias a influencias dispares. Artistas femeninas como Joni Mitchell, Melanie, Judy Collins, Carly Simon, Sheryl Crow, Jewel, Celine Dion, LeAnn Rimes, Shawn Colvin, Sara McLachlan, Noe Venable o Tori Amos. Un amplio listado en el que hay de todo y ante casi nadie tendría algo que objetar.

La contradicción latente en su sonido parece haberse resuelto últimamente a favor del estilo predominante en su tercer álbum “You turn me on”, mucho más radiable y cercano al AOR que los anteriores. Pero, probablemente la decisión no haya sido fácil y tampoco se trata de un camino sin retorno.

De hecho, el debut de esta cantautora estuvo marcado por la incapacidad de decidirse entre las dos opciones. Por eso grabó y publico simultáneamente dos CD's, cada uno de los cuales respondía a una querencia diferente. El luminoso “Look in to my Herat”, forjado en la más pura tradición del country-pop más dulce y luminoso y el extraño e inquietante “Cold dark night” en el que el pulso roquero y la distorsión habitual entre las bandas alternativas estadounidenses que todavía veneran a Sonic Youth, marcaban el paso.

 
 

En cualquier caso, la inconfundible voz de Jill sirve de conexión perfecta entre las distintas formas de presentación que elige en cada momento. Lo mismo que su decisión de mantener la frescura como signo identitario, lo que consigue gracias a su decisión de grabar siempre la música en directo, con toda la banda sonando a la vez en el estudio. Una fórmula arriesgada y difícil que últimamente gana adeptos y que en España acaba de poner en práctica el cantautor Ismael Serrano a la hora de manufacturar su última y reciente entrega.

Otra característica refrescante de la señorita Zutty es el cuidado que suele poner en la elaboración de su textos en los que mezcla sus dotes de observación de la realidad con algunos ingredientes autobiográfico y elementos fantásticos que la relacionan con algunos notables escritores de cuentos infantiles.

Pero, en general, quizá lo más fascinante de esta nueva artista estadounidense, que hoy el Café de las Artes se complace en presentar a sus habituales, sea la absoluta falta de pretenciosidad. Una posición más que refrescante en un momento como el que vivimos donde la imagen y el discurso estilístico suelen ir por delante aunque, en muchas ocasiones, los artistas en cuestión carezcan de unas canciones cuya calidad esté en consonancia con los estudiados parlamentos que pueblan sus entrevistas de prensa. No es el caso, puede que Jill Zutty no tenga muchas respuestas epatantes preparadas para figurar como una brillante neoacadémica en los medios de comunicación. Pero canciones, sí que tiene, sí. Y si no nos creen juzguen ustedes por sí mismos disfrutando de la pequeña introducción a su trabajo que les ofrecemos en el player de hoy.
   
   

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