Que alguna enfermedad implacable y secreta te devore por dentro,
lentamente.
Que no haya en ningún sitio agua para tu sed, sueño para tus ojos
extraviados, tiempo para tú corazón.
Que la vida, continuamente hostil, te ofrezca sólo espinas,
peligros, negaciones.
Que todo lo que lleves a los labios se llene de un sabor amargo y
póstumo.
Que seas, en fin, lo mismo que yo soy, lo mismo que seré mientras
que no consiga
librarme de tu ausencia. |