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Año IX - Madrid, viernes 28 de diciembre de 2007
 
 
Liga Quintana: “El rock irrumpe en la pista de baile”
Por Rafael Alba
Liga Quintana es un grupo francés muy peculiar. Y, no sólo, porque la mayor parte de sus letras estén escritas en castellano. Entre sus propósitos fundacionales reconocidos está la idea de mezclar el viejo rock de Seattle, conocido en los noventa como “grunge” con las tendencias más duras de las pistas de baile actuales, el inagotable techno beat. ¿Lo habrán conseguido? Dejemos que nuestros parroquianos habituales de este “Café de las Artes” saquen sus propias conclusiones al respecto.


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Pueden hacerlo además, en este caso, escuchando estos ejemplos y también, especialmente si residen en México o en España, acudiendo a los conciertos de su nueva gira internacional que realizan con motivo de la presentación de “Fiasco Total” su nuevo trabajo. Una serie de actuaciones en las que los miembros de esta banda esperan consolidar las buenas vibraciones que dejaron entre crítica y público con “Acustrónica” su tour anterior. Para esta banda francesa, la elección del español como lengua fundamental de sus textos responde a una posición ideológican. Según ellos se trata de una forma de resistencia consciente a la moda que se ha impuesto en todas partes de cantar en inglés con independencia de la lengua materna de los compositores o los intérpretes. Una costumbre vigente en la escena mundial de la música popular moderna desde que el “indie” se convirtió en la década de los noventa en la principal referencia. Aunque, tal vez, también se relaciones con el hecho de que Piero Quintana, el fundador de la banda pasara su niñez en España durante la década de los ochenta y se impregnará convenientemente del efervescente pop que se facturaba en este país por aquellos tiempos. También de aquella experiencia, podría derivarse la potente fórmula en la que se inscribe su modulación vocal.

Este rock para las discotecas da hora que pretende ser el santo y seña de Liga Quintana está también plagado de referencias oscuras, casi góticas en algún caso, y quizá cercanas a universos como el que construyeron en su día los “Parálisis Permanente”. Pero esos orígenes son solo el punto de partida de un proyecto que ya empieza a cobrar una identidad propia y diferenciada. En Liga Quintana, junto a la presencia escénica de Piero, resulta también determinante el trabajo de la poderosa sección rítmica que forman los hermanos Benjamín y Simón Tarricane, que se ocupan del bajo y la batería, respectivamente. Es a ellos a quien corresponden configurar las bases de techno y electro que sirven de proyección al sonido original de una banda que, a estas alturas, quizá tenga más seguidores en Barcelona que en su Grenoble. De hecho, su primeras e incipientes grabaciones se llevaron a cabo en la capital catalana. Sien embargo, no fue hasta el año 2004 cuando la banda encontró finalmente la personalidad que ahora les define. En aquel año, se incorporó a la formación el guitarrista David Litavicki, que cierra el cuarteto definitivo y que fue la solución perfecta para un grupo que no acababa de encontrar un instrumentista fijo para el puesto. También él fue el responsable de aportar al sonido de Liga Quintana los retazos de grunge y distorsión que se han convertido en otra de sus características básicas.
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