Los muros callan,
están callando,
me quieren robar el alma,
me están matando.
Una lluvia nueva
los va mojando
mientras, en mis ojos,
se van reflejando.
Los muros se rajan,
se están rajando,
están mostrando sus huesos,
de hierro blando.
Una lluvia de colores
los va agrietando,
lucha contra el gris tedio
del cemento armado.
Armado de sueños y horas,
de llanto, tristeza y años,
de vidas enteras atrapadas
en sus huesudas manos.
Los muros se derrumban,
se están derrumbando,
nuestras miradas cautivas
los están tirando.
Y un olor a rancio miedo,
que ahora se vuelve campo,
que se vuelve campo y lluvia
y ya los va enterrando.
Héctor Veiga García
27 años |