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Año X - Madrid, viernes 8 de febrero de 2008
 
 

Sasha: “Cualquier tarde en Kingston”




Más bien al contrario, Sasha es hoy por hoy una de las cantantes más populares en el país del viejo Marley y acumula un buen puñado de singles de éxito, a veces a dúo, con Turbulance, un rastafari de la vieja escuela que inyecta dosis de tradición al trabajo conjunto, y otras en solitario. Como siempre, en el player al que acompañan estas palabras tienen ustedes una muestra de todo aquello que la chica ha sido capaz de hacer hasta ahora. Disfrútenlo sin miedo, que las fieras jamaicanas más que arañar acarician. Se lo digo yo.
Por Rafael Alba

Tras la muerte de Bob Marley, el reggae ha perdido fuerza comercial en las listas de éxitos tradicionales, aunque los múltiples estilos musicales cuyo origen puede encontrarse en Jamaica gozan de muy buena salud en casi todo el mundo gracias a los múltiples continuadores del legado rastafari que pueblan la aldea global. Curiosamente, en Kingston, como ya sucedía antes, los ritmos autóctonos se mezclan con los hits de moda en EEUU de forma natural hasta que surgen propuestas, entre el mainstream y la pura alternativa, como la que defiende Sasha, la maravillosa catante que hoy “El Café de las Artes” se complace en presentar a su parroquia.
La propia Sasha es una buena muestra de este glamouroso mestizaje, nativa de Kingston, Jamaica, pero habitante desde la tierna edad de cinco años de las duras aceras neoyorquinas. Aunque sus primeros pasos como cantante fueron mucho menos peligrosos de lo habitual en aquella jungla de asfalto. Y, a la vez más clásicos, por otra parte. Al menos, entre los grandes cantantes del r&b. Sasha se inició en el coro de una iglesia y, de hecho, a los ocho añitos ya participaba en algunos festivales de gospel.
Sin embargo, con la adolescencia apareció en su vida otra contaminación, el omnipresente rap comercial de la época. Aunque la chica tenía el corazón dividido- quizá aún lo tiene- entre las estrellas para teenagers al uso como SaltNPepa y propuestas más estimulantes como la poderosa toaster jamaicana Shelly Thunder, de quién quedamos comprometidos a contarles algo pronto.
Con esa mezcla de influencias, aún detectables ya digo, Sasha inció su trayectoria lejos de los coros eclesiásticos hasta que los managers de la megaestrella Shabba Ranks se fijaron en ella y le financiaron sus primeras maquetas.
Unos trabajos que le abrirían las puertas de la factoria electrónica de Steely & Clevie con quiénes volvería a Jamaica para grabar ‘Kill the Bitch.’, su primer disco, muy escorado hacía una línea de rap duro y provocativo, inusual para una artista de sólo 16 años. Quizá porque en aquel año de 1998, esa era la tónica habitual entre las cantantes jovencitas con curvas peligrosas. Curiosamente una de las canciones incluidas en aquel trabajo, remezclada por Ivy Queen se abrió paso en las listas de la incipiente escena reggaeton estadounidense. 
Ese fue el germen de sus primeros directos y propició la presencia de su música en recopilaciones sectoriales claramente orientadas hacia los territorios del sonido bailable. Lugares en los que se fraguaría su mayor éxito internacional hasta el momento, un dueto con el artista multiplatinizado Sean Paul, I´m still in love que, además le proporcionó su primer triunfo serio en su propia tierra, al conseguir encabezar las listas jamaicanas de reggae.
No sólo eso. Afortunadamente para ella, y para nosotros, ese contacto con “la vida loca” que la condujo por escenarios de los cinco continentes la dejó agotada. Tanto que decidió regresar a su Jamaica natal y redefinir su carrera que ha tomado desde entonces un sesgo mucho más interesante sin que, sin embargo, el giro haya repercutido en su capacidad de vender discos.

 

 

   

 

 

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