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Año IX - Madrid, viernes 29 de junio de 2007
 
 
Monique Seka: La reina del Afro-Zouk
Por Rafael Alba
 


 

El interés de los franceses por las músicas del mundo, en general, y los sonidos africanos en particular ha tenido algunas consecuencias positivas. Por ejemplo, que artistas como Monique Seka, la espectacular cantante que hoy “El Café de las Artes” se complace en presentarles no pasen desapercibidas por completo para el público de los países desarrollados.

Monique es probablemente la artista más popular de Costa de Marfil, con el permiso del gran Alpha Blondy el primer músico de aquel país que consiguió sonar en el exterior. Pero sólo después de abandonar las tierras africanas y recalar en Francia, su música comenzó a ser reconocida. Una circunstancia que no ha sido posible en los mercados de habla hispana donde, excepto gracias a su presencia en algunas recopilaciones variadas de musicas africanas sus trabajos han sido, en general muy difíciles de encontrar.

Sin embargo, el latido ancestral de los ritmos y las melodías, algo inusuales que esta cantante propone, está fuertemente enraízado en la tradición musical africana. De hecho, su voz, extraordinariamente cálida, se formó en el grupo de su padre Okoi Seka, un cantante que también llegó a ser muy popular en Costa de Marfil. Más aún, para los marfileños, en realidad, Monique es, sobre todo la nieta de una de loas dos componentes del legendario dúo “Les Soeurs Comoé”, cuya influencia aún puede oírse en la mayor parte de los músicos que empiezan a trabajar en aquella zona de Africa.

Pero las aportaciones de está artista de tercera generación no deberían minimizarse por culpa de su exuberante álbum familiar. Monique ha tenido la capacidad de integrar en el legado folklórico panafricano que ha recibido influencias tan diversas como la correspondiente a las melodías que acompaña a las grandes películas de Bollywood, la réplica india a la gran ciudad de la industria cinematográfica estadounidense o los aires caribeños llegados de las antillas francesas. Todo eso sin contar con un fraseo más propio de las grandes divas del soul estadounidense, como la mismísima Aretha Franklin, que de las cantantes tradicionales marfileñas.

Desgraciadamente, su trabajo, repartido en más de ocho discos de larga duración y quince años de carrera, no le ha permitido siempre liderar su propia banda en los escenarios mundiales, por lo que buena parte de los mejores momentos de su trayectoria pueden encontrarse en discos de otros, donde ha ejercido como corista, o en las actuaciones de la Orquesta de la Radio Televisión Ivoriana, con la que ha colaborado en multitud de ocasiones.


Pero, ni siquiera, la gran popularidad de la que goza en su continente de origen ha evitado que su figura se haya visto envuelta en polémicas en más de una ocasión. Su actitud personal, alejada de los tópicos del continente negro, ha resultado difícil de compaginar con las tradiciones. Un motivo más para trasladar su residencia a Francia, país en el que puede vivir alejada de las presiones de la popularidad.

Para desesperación de sus seguidores, Monique Seka, no es precisamente prolífica. Su último trabajo publicado, en 2005 es una recopilación de todos sus discos anteriores y, desde 2003 no ha colocado en el mercado ninguna referencia a su nombre. Ahora, en las publicaciones de música africana se especula con la aparición inminente de una nueva entrega de música en la que lleva trabajando más de cuatro años.

Quizá llegue. Pero, mientras tanto, les sugerimos que disfruten de las tres canciones que acompañan a este artículo y que proporcionan un pequeño muestrario del amplio abanico de propuestas rítmicas y melódicas que compone en el repertorio de una artista a la que no convendría que le perdieran la pista.
   
   

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