Se veían muy poco y en seguida,era un hogar ahíto de ocasiones,
años de amor, trabajo, anotaciones:
"Te espero", "Vuelvo tarde", "No hay comida".
Una mañana -doce y diez- la huida:
"Te amo. Adiós. Me voy de vacaciones",
"Yo también". Precisaban dos renglones,
los horarios del alma y de la vida.
Recorrieron el globo por su cuenta:
ella iba en barco, él en dirigible,
ambos a pie: el tiempo es un latido.
Una noche de abril que hubo tormenta
se encontraron en casa, algo imposible,
y el mapamundi se cerró sin ruido.
Jesús Urceloy |