El pasado día 1 de mayo, unos dos
millones de inmigrantes latinoamericanos salieron a protestar
por las calles de las grandes ciudades de EEUU con la intención
de reivindicar su derecho a ser ciudadanos estadounidenses.
La protesta estaba enfocada principalmente
contra Bush, por incumplir su promesa de legalizar a los “sin
papeles” de la comunidad hispana, que es la minoría
étnica más grande, con 14 millones de personas activas
viviendo y trabajando en el gigante norteamericano.
La intención de las organizaciones
convocantes era la de provocar un paro en muchas de las actividades
cotidianas que los hispanos realizan en EEUU, para así
demostrar que “este país no se mueve sin nosotros”,
tal y como declaró un manifestante.
La marcha, sin embargo, no
fue secundada como estaba previsto en algunas ciudades, debido
a que algunas empresas avisaron con despedir a quien apoyase el
paro, además, otras organizaciones latinas se negaron a
colaborar en la organización de las protestas debido a
que creen que esta “no es la manera de reivindicar la intención
de ser ciudadanos del país”, afirmando que varios
sectores de la población estadounidense “no ven con
buenos ojos” a los hispanos, y añadiendo que la marcha
que se convocó fue una “provocación”.
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