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Aunque los anuncios de posibles
operaciones corporativas han mantenido el interés de los
inversores por la renta variable durante el último mes,
los sobresaltos no han pasado aún en Wall Street. Según
las cifras oficiales, los beneficios empiezan a flaquear.
La presentación, el pasado
jueves del informe sobre el PIB incluía un dato muy desfavorable.
En el último trimestre de 2006, los beneficios empresariales
del tejido productivo estadounidense experimentaron una caída
del 0,3%, con respecto a los tres meses anteriores. Además,
fue la primera caída desde la que sucedió en el
tercer trimestre de 2005, cuando el impacto del huracán
Katrina baqueteó los resultados de las aseguradoras y elevó
el importe de la factura energética corporativa. Sin embargo,
ahora hay más motivos para la duda. Entre octubre y diciembre
del pasado año, en total las compañías del
país norteamericano ganaron, antes de liquidar los impuestos,
4.900 millones de dólares menos.
Realidad. Y esa realidad,
es difícil de obviar, incluso para los expertos más
optimistas. La ralentización económica hace tiempo
que está ahí, pero hasta ahora las empresas estadounidenses
se las habían apañado para sortearla con mejor o
peor suerte. Para completar el inquietante cuadro, basta con analizar
los motivos del descenso. Todos tremendamente clásicos:
un crecimiento económico mezclado con los incrementos de
costes y el estrechamiento de los márgenes de negocio.
Y esa presión, la tendencia de los consumidores a ahorrar
más y el incremento de los costes laborales, puede mantenerse
todavía un tiempo.
Analistas. El dato de beneficios
empresariales, además, difiere bastante de las cuentas
que presentan las compañías. Y cuando los analistas
vuelven la vista hacia él tienen sus motivos. Las diferencias
están en el método de cálculo, la cifra oficial
responde más a la realidad porque incluye sólo los
beneficios recurrentes y ajustados sobre la depreciación
de los bienes de equipo y los cambios temporales en el valor de
mercado de los inventarios.
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