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El posible regreso de Rodrigo Rato
a la política española podría provocar una
nueva fisura en el PP. Mientras Aznar y la FAES advierten de los
peligros del populismo latinoamericano, Rato resta importancia
a su influencia y defiende el acercamiento a aquellos países.
El presidente de la FAES, José María Aznar, inició
hace meses una gira internacional para presentar un informe sobre
Latinoamérica en el que advierte de la amenaza de los populismos
latinoamericanos, personificados en Hugo Chávez, Evo Morales
y Fidel Castro, a quienes califica como ‘eje del mal’,
e insta a la comunidad internacional a aplicar una política
de dureza. En este sentido, el ex presidente ha sido especialmente
crítico con la política exterior del Ejecutivo de
José Luis Rodríguez Zapatero, a quien ha lanzado
duras acusaciones en distintos foros internacionales, especialmente
en EEUU, por estrechar lazos con Venezuela, Bolivia y Cuba.
Diálogo vs dureza. Por contra, Rato, desde
que llegó a la Dirección General del Fondo Monetario
Internacional (FMI) intentó acercar posturas con los países
latinoamericanos, que dejaron de ver a la institución como
un enemigo. El dirigente del Fondo, incluso, defendió la
iniciativa de Chávez y el mandatario argentino, Néstor
Kirchner, de crear un Banco del Sur como alternativa al FMI y
al Banco Mundial, y propuso coordinar fuerzas con este nuevo organismo.
Para Rato, el nacimiento del Banco del Sur no supondría
ninguna amenaza para la institución que dirige ni para
la que preside Robert Zoellick.
Además, si Rato finalmente se incorporara a Citigroup como
señalan algunos rumores, trabajaría en una entidad
que cuenta con una presencia notable en Sudamérica.
Estas dos visiones contrapuestas podrían ser también
un punto de fricción dentro del PP entre el sector más
moderado, en el que se inscribe a Rato, y el que sigue las tesis
de la FAES y que domina la cúpula del PP.
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