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Año VII - Madrid, lunes 7 de agosto de 2006

La Iglesia toma cartas en el asunto

Aurelio Pedroso. La Habana

En su lecho de convaleciente, el presidente Fidel Castro debe reír muchísimo. Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento, así lo ha reconocido. “Él tiene mucho sentido del humor, es un hombre muy generoso y conoce mucho cómo operan los medios, y me imagino que deba estar riéndose muchísimo”.

Si realmente es así, también Castro debió guardar silencio para pensar que por iniciativa de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), ayer domingo se oró por su salud en todas las iglesias y parroquias de la isla.

El cardenal cubano monseñor Jaime Ortega y Alamino, una vez oficiada la misa y dado a conocer el acuerdo de la COCC, declaró a la prensa extranjera permanente acreditada en la isla que “jamás estaría no solamente respaldando ni siquiera aceptando mínimamente cualquier intervención extranjera (en Cuba)”. Y que se sepa, las tribus bantúes no tienen el propósito de modificar con lanzas el actual estado de la nación.

El mensaje del cardenal Ortega ha sido muy claro para nuestros vecinos norteños, en total frenesí por cambiar la isla de la noche a la mañana con ese suculento plan de transición a una Cuba democrática.

De esta manera, los católicos le tomaron la delantera al Consejo de iglesias de Cuba, esos cristianos que para Washington son apadrinados por el Gobierno y hasta algún que otro diputado tienen en el Parlamento.

Hasta los babalaos, esos “sacerdotes” de ritos afrocubanos han vuelto a tirar los caracoles, excepcionalmente, pero prefieren guardar silencio y no dar a conocer el vaticinio.

La isla permanece en aparente calma y ecuanimidad, aunque algunos observadores locales aseguran tratarse de un compás de espera, de prudencia ante un cambio que, según ellos, deberá ocurrir con el general de Ejército Raúl Castro al timón de la Revolución.

Fidel Castro cumplirá el próximo domingo 80 años de edad y a pesar de que su salud es “secreto de Estado”, algunos allegados, ministros todos, confirman que se recupera de su complicada intervención quirúrgica. Sin embargo, en La Habana se desconoce de una presunta segunda operación a la que deberá ser sometido de acuerdo con ciertos medios foráneos.

La ausencia de Raúl Castro, según declaraciones de Ricardo Alarcón, tiene como objetivo no caer en una trampa tendida por el enemigo.

Eso mismo ha dicho cuando expresó este fin de semana: “Cuba no va a caer en la bobería esa, en la trampita de que hay que presentar a Raúl porque es lo que se supone que se hace”.

La prensa local prosigue un amplio destaque de cohesión militar y política y reflejando los múltiples mensajes llegados desde el exterior en los que se pide una pronta recuperación del líder histórico de la revolución cubana.

Por cierto, que Ulises Rosales del Toro, ministro de la Industria Azucarera, ha convocado para el próximo domingo, con motivo del 80 aniversario de Fidel Castro, una gran movilización de trabajo voluntario en la siembra de caña, una industria que, según él, ha comenzado a revitalizarse, con nuevas inversiones. Renace pues, el trabajo voluntario, herencia del pasado de los soviets , que fueron sus inventores en la época de Lenin.

Entretanto, La Habana, inmersa en plena vorágine de turismo, vive el día a día tras especulaciones tan domésticas que no alcanzan la puerta de la calle.
 
 

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