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Año IX - Madrid, miércoles 7 de noviembre de 2007

El sistema de participaciones cruzadas blinda las empresas estratégicas italianas

 

El mercado italiano se caracteriza por el blindaje de sus empresas, ante la entrada de firmas extranjeras, a través de un complicado entramado de participaciones cruzadas. Aún así, algunos de los grandes grupos españoles han logrado entrar en el mercado transalpino.

Como ha puesto de manifiesto esta semana el diario madrileño El Boletín, al hilo de la tormenta desatada en Italia por la fusión entre Unicredito y Capitalia, el accionariado de las empresas italianas guarda un difícil equilibrio en el que es complicado entrar.

Incluso una vez tomado el acuerdo entre las empresas, el Gobierno italiano ha tomado cartas en el asunto, como es el caso de la fusión entre la española Abertis y la italiana Autoestrade. En diciembre del año pasado, ambas compañías se vieron obligadas a congelar sus planes de fusión a causa de la intervención gubernamental italiana, que cambió la normativa de concesiones para las autopistas justo después de que ambas compañías anunciaran su unión. Los obstáculos interpuestos por el ejecutivo de Prodi provocaron la reacción la Comisión Europea, que abrió dos procedimientos para analizar posibles infracciones de la normativa comunitaria por parte de Italia.

En cuanto al sector financiero, los dos mayores bancos españoles han sufrido en sus carnes la cerrazón de las entidades italianas. BBVA lanzó una OPA sobre el Banco Nazionale di Lavoro (BNL) que no llegó a buen puerto debido a las dificultades que interponía el Banco Central Italiano (Bankitalia), apoyado por el propio Gobierno Berlusconi, que no consentía que un banco foráneo tuviera una participación de más del 20% en un banco italiano.

Por su parte, Santander ha logrado entrar en el país transalpino gracias a la compra de ABN. Sin embargo, el banco atesoró una participación en Intesa San Paolo, y el resto de accionistas dificultaron la presencia del Santander, hasta que la entidad española la vendió por considerarla no estratégica.

Telefónica ha sido la excepción: César Alierta, presidente de la multinacional española, tiene su puesto en Telecom Italia sin despertar las reticencias habituales entre los actores políticos y económicos.

 
 

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