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Aunque la Red haya empezado a dinamitar
su poderío, desde hace ya décadas, sólo hay
una gran industria exportadora: las majors de Hollywood. El poder
de esta industria es de tal calibre que su capacidad de colocar
su producción en el exterior no depende del dólar.
Según las últimas
cifras presentadas por la patronal del sector, la Movie Pictures
American Association (MPAA), el pasado ejercicio las majors batieron
su récord histórico de recaudación en taquilla,
al conseguir unos ingresos de 25.800 millones de dólares,
una cifra que superó en un 11% los 23.300 millones de obtenidos
en el ejercicio anterior. La cifra, con ser impresionante, no
supone en realidad ni el 10% de los ingresos reales de esta industria
que hace ya muchos años dejó de depender de la recaudación
en taquilla para hacerlo de otros negocios, como la venta de merchadising,
los derechos de producción o la distribución de
DVD. Y es, en alguno de ellos, donde se estarían concentrando
las dificultades que provienen de la circulación gratuita
por Internet de muchas películas.
Cuerda para rato. Pero,
a diferencia de lo que quizá sí ocurra con las discográficas
tradicionales, a los estudios de Hollywood, les queda cuerda para
rato. Hace ya años que algún gran ejecutivo de esta
industria afirmó que hoy por hoy, las películas
son sólo spots publicitarios de dos horas que sirven para
vender todo lo que realmente hace que las majors ganen dinero.
El hecho de que estas superproducciones cada vez recauden menos
en EEUU no importa demasiado. El año pasado los ingresos
por taquilla conseguidos ascendieron a 9.490 millones de dólares,
500 menos que en 2005, pero lejos todavía de los 9.540
millones de 2004. Y, para que nadie se equivoque, el pasado año
fue, Piratas del Caribe II quien marcó la pauta,
al convertirse en líder de recaudación mundial en
taquilla.
Efectos especiales. Y por
ahí, y no por la senda marcada por las últimas películas
del oscarizado Scorsesse y de Eastwood, es por donde van a moverse
la mayor parte de los nuevos estrenos: películas para toda
la familia, donde el predominio de los efectos especiales es de
tal calibre que la diferencia entre los dibujos animados y el
cine rodado con actores reales se ha vuelto casi imperceptible.
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