Uruguay está a punto de sufrir una crisis energética después de que, por un lado, la sequía que afecta al Cono Sur haya provocado un aumento del coste de la producción de energía por la falta de generación hidroeléctrica y, por otro, Brasil haya decidido suprimir la venta de 70 megavatios a Uruguay a causa de sus necesidades internas. Esto ha obligado al Gobierno de Tabaré Vázquez a poner en funcionamiento todos los equipos de producción térmica, con el fin de atender el alto consumo de energía provocado por las temperaturas del otoño austral.
La presa hidroeléctrica de Salto Grande, construida y administrada por Argentina y Uruguay, sólo puede generar energía en determinadas horas del día debido a la falta de agua, lo que equivale a que sólo pueda producir un 10% de su capacidad.
El viceministro de Industria y Energía uruguayo, Martín Ponce de León, ha asegurado que para superar el déficit se ha encendido hasta una turbina a gas situada en la ciudad de Punta del Este, cuya generación es de muy alto coste. La empresa estatal Usinas y Trasmisiones Eléctricas, que monopoliza la producción y distribución de energía, ha anunciado que pese al aumento del coste en la generación, no se modificarán las tarifas a corto plazo.
Las autoridades uruguayas han pedido a la población que ahorren electricidad para ayudar a mantener las escasas reservas de agua que quedan para el invierno en los lagos de tres represas hidroeléctricas del país, ubicadas en la región de Río Negro.
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