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El presidente electo de México,
Felipe Calderón, en declaraciones a la prensea internacional,
reiteró su intención de abrir al sector privado
y a la inversión extranjera algunas áreas de la
petrolera estatal Pemex. El mandatario asegura que “será
respetuoso con la ley”.
Sin embargo, esta decisión
necesitará ser evaluada detenidamente por el Congreso de
la nación azteca. Sobre todo, porque la Constitución
mexicana otorga a Pemex precisamente el monopolio de las labores
de exploración, explotación, almacenamiento y distribución
de la energía dentro del país.
De momento, a la espera de que el Legislativo azteca llegue a
algún acuerdo sobre la Carta Magna, Calderón seguirá
apoyando la construcción de una refinería junto
con Colombia y Centroamérica. Una infraestructura, que
en opinión del presidente electo va a dar “un valor
agregado al petróleo de México, en particular al
petróleo maya que es un petróleo muy pesado que
requiere un complicado proceso de refinación”.
Largo plazo. Faltan
por lo menos tres años para que el proyecto pueda convertirse
en realidad. Además las instalaciones petrolíferas
necesitarían una inversión inicial de 2.674 millones
de euros.
La Secretaría de Energía
de México (Sener) explicó a este diario que la refinería
podría procesar 250.000 barriles de crudo diarios y garantizar
el abastecimiento de gasolina a precios competitivos para el istmo.
De esta forma, se originaría una fuente de aprovisionamiento
de crudo paralela a EEUU y a Oriente Medio.
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