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El aumento de los costes financieros y del volumen
medio de la deuda familiar en EEUU empieza a tener consecuencias.
La crisis de las empresas de hipotecas de riesgo es un síntoma
del mal, pero hay algunos sectores del negocio aún más
peligrosos.
En estos sectores se podría
desarrollar el cáncer de una crisis que, efectivamente,
condujera a la economía estadounidense hacia una recesión.
Y quizá la principal preocupación de los expertos
se concentra en el sector de las tarjetas de crédito, donde
se encuentran dos fuerzas, teóricamente opuestas, que pueden
sumarse para empujar a la economía hacia la crisis: la
voracidad consumidora del ciudadano medio y la falta de escrúpulos
demostrada por las compañías que explotan el negocio.
Las cifras explican con claridad la magnitud que podría
alcanzar el problema si, como no sería descartable para
los expertos, llegara finalmente a producirse. Según los
datos oficiales de la Reserva Federal de EEUU (FED), en noviembre
de 2006, último periodo completo computado, la deuda en
tarjetas de crédito de los estadounidenses sumaba 750.000
millones de dólares correspondientes a los más de
640 millones de tarjetas que circulaban por el país.
Demócratas. La
nueva mayoría parlamentaria demócrata ha optado
por preocuparse del segundo aspecto de la cuestión, supuestamente
más fácil de atacar, aprovechando la verdadera multitud
de denuncias de usura que los ciudadanos dirigen sobre esta industria
ahora. Cuando las refinanciaciones no son tan fáciles y
hay que empezar a pagar lo que se debe. Dos aspectos coyunturales
que hacen al consumidor más consciente de los elevados
tipos de interés que se le aplican.
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