El
presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva,
ha expresado su decepción sobre la manera en que Evo Morales
ha llevado a cabo la nacionalización de los hidrocarburos
en Bolivia. Según el ministro de Relaciones Exteriores
de Brasil, Celso Amorim, la queja fue formulada de manera privada
a Morales durante una conferencia cumbre sobre la nacionalización,
efectuada la semana pasada en Argentina, y a la que asistieron
también el presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
y el de Argentina, Néstor Kirchner.
Amorin afirma que Brasil ha optado
por actuar de manera discreta para evitar que el Gobierno boliviano
radicalice su posición sobre el suministro de gas a este
país. Tras la nacionalización, decretada el pasado
día 1 de mayo, Yacimientos Petrolíferos Fiscales
Bolivianos (YPFB) asumirá el control de la mayoría
de las operaciones energéticas en el país y establecerá
nuevos precios para su gas natural. Las empresas extranjeras dispondrán
de seis meses para negociar sus contratos o, de lo contrario,
deberán abandonar el país.
La nacionalización de los
hidrocarburos por parte de Morales amenaza con causar una crisis
energética y un drástico aumento de precios que
podrían dañar las economías de Argentina
y Brasil, los dos principales clientes de Bolivia. Brasil, la
economía más grande de Latinoamérica, recibe
de Bolivia la mitad del gas natural que necesita para el consumo.
La cifra aumenta en Sao Paulo, la mayor ciudad industrial de la
región, hasta el 80%.
Brasil se resiste a pagar
el aumento de precios del gas boliviano, calculado en un 60%,
pues este hecho provocaría que subiera la inflación.
Y Argentina también se verá afectada por ese alza
de los precios del gas después de la fuerte recuperación
lograda tras el derrumbe económico de finales del año
2001. |