|
El G-7, y especialmente Bruselas,
han cargado contra el creciente papel de los hedge funds en el
mercado de divisas, y que, coincidiendo con las cifras récords
alcanzadas en los carry trades, contribuyen a reforzar la caída
de las tradicionales divisas refugio.
De acuerdo con los datos de Barclays
Capital, extraídos de los mercados de futuros y opciones,
las operaciones de carry trades (en las que se utiliza una moneda
con tipos de interés bajo, sobre todo el yen, para financiar
posiciones en activos con mayores rentabilidades) han alcanzado
cifras récord desde la crisis financiera de Rusia en 1998,
al superar los 26.000 millones de euros. Este auge ha ido en paralelo
con la mayor actividad, también en el mercado de divisas,
por parte de los hegde funds.
Sus efectos no han pasado por alto para las autoridades europeas,
y en la cumbre de este fin de semana del G-7, celebrada en Alemania,
han centrado parte de sus críticas en los peligros que
suponen los hedge funds para la estabilidad financiera, y en particular,
la monetaria.
Burbuja especulativa. El
yen cotiza en mínimos históricos con el euro, que
también contempla desde máximos inéditos
su cambio con la divisa refugio por excelencia, el franco suizo.
Los tipos de interés en Suiza están estancados en
el 2%, y en el 0,25% en Japón, sensiblemente por debajo,
por ejemplo, del 3,5% fijado por el BCE. Los analistas advierten
que la generalización de las operaciones de carry trades ayudan a agudizar las diferencias de rentabilidades de los activos
monetarios, y sobre todo, llegan a alertar de la amenaza de una
incipiente burbuja especulativa que podría poner en riesgo
la estabilidad del sistema financiero. Con las primas de riesgo
en zona de mínimos históricos, y después
de cuatro años de bonanza para el conjunto de los mercados,
el apetito por el riesgo, y por las mayores rentabilidades, se
ve fortalecido.
Cuanto más éxito
tienen las prácticas de carry trades, más seguidores
tiene, inciden los analistas, que apuntan como medida paliativa
la revalorización del yen a través de una mayor
normalización en sus tipos de interés, que permita
reducir los diferenciales de rentabilidad. Pero el Banco de Japón
se resiste a subir las tasas, para alivio de las empresas exportadoras
niponas.
|