Según
varios artículos que han aparecido en las últimas
semanas en la prensa estadounidense, la maduración del
mercado de gestión de activos en EEUU y el correspondiente
aumento de la competencia generada, dibuja una ecuación
desconocida hasta ahora.
Los fondos de pensiones privados
que se venden a clientes minoristas empiezan a copiar el estilo
de riesgo de los grandes inversores institucionales. Todo con
tal de conseguir la punta de rentabilidad necesaria para diferenciarse.
Un propósito realmente difícil cuando los productos
son tan similares y el objetivo del cliente está concentrado
en asegurarse una remuneración a largo plazo. Pero aun
así, los valores liquidativos a medio y corto plazo también
importan. O eso creen las principales gestoras y las entidades
financieras que intentan abrirse paso en el mercado de EEUU con
estos productos. No sólo allí. Como de costumbre,
la tendencia ha empezado ya a extenderse fuera del territorio
estadounidense y empieza a atisbarse en Europa. Aunque, según
algunos expertos consultados, la traslación, que se produce
rápidamente en Reino Unido, suele tardar entre un año
y un año y medio en el Viejo Continente.
Inversiones alternativas.
En definitiva, la composición de los fondos de pensiones,
individualizados o por categorías, que se ofertan ahora
en EEUU, y que se ofertarán en el futuro a medio plazo
en la UE, incluye, cada vez con más frecuencia, el rastro
de las inversiones alternativas, desde las materias primas a los
activos inmobiliarios, junto a estrategias de gestión que
se acercan a la búsqueda de rentabilidades casi en el filo
de la navaja, una característica básica de los hedge
funds, que parece haber contaminado a todos los cerebros del sector
de la inversión colectiva.
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