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Como cada seis meses, en la jornada
previa a las asambleas del FMI y el Banco Mundial, los responsables
de Finanzas de las siete naciones más industrializadas
del mundo, el G7, mantendrán una reunión ordinaria.
La de hoy viene precedida de algunas tensiones previas.
Desde el punto de vista de la economía
global, sin embargo, el informe semestral de perspectivas publicado
por el FMI ha tenido un tono ciertamente tranquilizador. La previsible
ralentización del crecimiento estadounidense en 2007 no
tendrá un efecto devastador en la economía mundial.
Otros áreas, especialmente la Unión Europea, podrán
sustituir, en parte, el tirón habitual de la gran locomotora
norteamericana, cuyo decaimiento sólo restará 16
puntos básicos al incremento global del PIB, que se situará
en el 4,9% este año. La cifra se repetirá en 2008
y ascenderá hasta el 5,4% en 2009. Un trienio brillante,
por lo tanto, que, en caso de cumplirse las previsiones, se convertiría
en el mejor de los últimos 26 años.
Y hasta aquí, las coincidencias.
Otros informes previos a la cita de primavera, elaborados por
consultoras independientes, y algún servicio de estudios
de Banco Central, señala ciertos peligros en el horizonte.
Clásico. Uno de ellos,
ya es clásico. El desmesurado aumento de los activos gestionados
por los hedge funds, que ha alcanzado este mes los dos billones
de dólares, vuelve a poner de manifiesto la necesidad de
una regulación mundial del sector. Pero ni EEUU, ni Reino
Unido, están de acuerdo con la idea que sí comparten
los otros cinco implicados: Francia, Italia, Alemania, Japón
y Canadá. La oposición de las potencias anglosajonas
además no tiene la misma raíz. Para los británicos
se trata de no perder influencia en la economía continental.
Con la mayor parte de sus empresas en manos de compañías
extranjeras, el control del poder financiero les resulta necesario.
Londres. Sin embargo, Londres
no se juega tanto como Washington en el partido. EEUU no puede
favorecer un aumento del control de los hedge funds, porque necesita
que el dólar mantenga su actual trayectoria bajista para
reactivar su economía y sortear mejor el riesgo de la crisis
hipotecaria. Lo necesita tanto como seguir colocando deuda pública,
ahora menos valiosa en términos relativos, para financiar
sus déficits. Y, en ese contexto, la armada de los hedges
es un complemento vital.
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