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La transnacional Glencore se ha pronunciado
por fin después de que Evo Morales decidiera nacionalizar
una de las plantas metalúrgicas que administraba en Bolivia
a través de su filial Sinchi Wayra. La compañía
suiza exige al Ejecutivo boliviano el pago de una compensación
económica o, de lo contrario, iniciará un juicio
internacional ya que acusa al Gobierno de Morales de violación
de la propiedad privada.
En un comunicado, Glencore apunta a la vigencia del convenio sobre
la promoción y protección de inversiones que Suiza
y Bolivia firmaron el 1999. El acuerdo prohíbe la expropiación
de inversiones hechas por corporaciones suizas en el país
andino salvo que fuera motivada por el interés público
y bajo pago de una compensación adecuada.
La posición del Gobierno boliviano está lejos de
aceptar las peticiones de la compañía. Las declaraciones
del ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, son
más bien desafiantes. “Nosotros le decimos a la Glencore
de manera enfática, que más bien se prepare para
rendirle cuentas al país...Tiene que darle la cara al país
para saber cuánto pagó por (la planta) Vinto y quiénes
gestionaron esa transferencia que, desde nuestro punto de vista,
es irregular y que ha dañado a la economía del Estado
nacional”.
Quintana desestimó la existencia de un tratado bilateral
indicando que eso “no significa que aquí reine la
impunidad sobre actos administrativos o de transferencias ilegales”.
La transferencia ilegal a la que se refiere el Gobierno boliviano
es la que se llevó a cabo cuando la planta Vinto fue vendida
en 1999 a la indo-británica Allied Deals, que seguidamente
la vendió a la minera Comsur, del ex presidente boliviano
Sánchez de Lozada, que a su vez la vendió a Glencore.
El Gobierno dice que la transferencia de Vinto a Allied Deals,
por 14,7 millones de dólares (unos 11 millones de euros)
es irregular porque la planta valía en realidad 140 millones
de dólares (más de 107 millones de euros).
Esta venta ha afectado a Glencore a pesar de que, según
diversos periódicos suizos, la compañía pagó
en 2004 a Comsur cerca de 90 millones de dólares (69 millones
de euros) por la compra, y otros 200 millones más (153
millones de euros) por yacimientos mineros.
Varios expertos han señalado el peligro de que las reservas
de oro de Bolivia sean objeto de secuestro judicial dependiendo
de las conclusiones que deriven de un posible litigio internacional.
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