Año tras año, la aparición de la lista de los multimillonarios mundiales que publica Forbes se convierte en un verdadero calvario para Carlos Slim, el magnate mexicano, que ha ocupado en 2006 el tercer lugar de esta prestigiosa calificación, sólo por detrás de los multimillonarios estadounidenses Bill Gates y Warren Buffet.
Según la revista estadounidense, el magnate iberoamericano posee una fortuna de más de 49.000 millones de euros. Demasiado dinero en un país donde aún casi la mitad de la población vive por debajo de la línea de la pobreza y, además, una prosperidad la de Slim que, en opinión de algunos sectores políticos influyentes, proviene de la habilidad del millonario para conseguir que los sucesivos gobiernos mexicanos le aseguren en la práctica un auténtico monopolio del sector de la telefonía en el país. Las propias cifras oficiales del Gobierno mexicano estiman las cuotas de mercado de las operadoras de Slim en cotas que difícilmente indican la existencia de una competencia real. Su operadora de móviles, America Movil, controla un 77% del negocio y Telmex, la empresa de telefonía fija, un 91,5%. Una situación que le permitiría mantener sin competencia las tarifas que más le convienen.
En esta ocasión, Slim ha optado por defenderse públicamente del diluvio de críticas que se le ha venido encima y ha convocado una rueda de prensa en la sede que Inbursa, la empresa financiera del holding, tiene en la capital mexicana. Un acto que ha contado con la presencia de más de un centenar de periodistas que esperaban, mayoritariamente, el anuncio de una gran acción filantrópica del tipo de las que Gates y Buffet han realizado últimamente.
No fue así. El tercer hombre más rico del mundo se limitó a decir que dirige una compañía familiar que ha sido fundamental para el desarrollo mexicano porque ha creado riqueza y empleo. También descalificó la lista de Forbes al explicar que los 19.000 millones de dólares adicionales que habría sumado a su ya inmensa fortuna el pasado año, sólo tienen que ver con las subidas experimentadas por la bolsa. Y los mercados, ya se sabe, hay años que suben y otros que bajan, por lo que las cifras de la revista estadounidense no son más que representaciones de una supuesta realidad. Y desde luego, al menos en ese aspecto, Slim puede llevar razón. |