Los mandatarios de EEUU, George W. Bush, y México, Felipe Calderón, celebraron un encuentro privado, entre grandes medidas de seguridad, en el que los temas más destacados fueron el comercio, la migración y la seguridad en la frontera.
En la ceremonia de bienvenida que el Gobierno mexicano ofreció al presidente estadounidense, Calderón expresó que "mi Gobierno hace la parte que le corresponde", pero pidió la "activa colaboración" de EEUU en la lucha contra el narcotráfico, sobre todo en lo referido a la disminución de la demanda de drogas en el mercado estadounidense.
Posteriormente, ambos líderes se encaminaron hacia la hacienda Temozón, situada en la penísula de Yucatán, a unos 40 kilómetros de Mérida, donde tuvo lugar el encuentro privado, a lo largo del cual Bush elogió la determinación de Calderón, que envió más de 30.000 policías y militares a las zonas controladas por los carteles de las drogas, y le prometió trabajar "tan intensamente como pueda" para que el Congreso de su país apruebe una reforma migratoria integral que beneficie a los trabajadores indocumentados.
Calderón, que estimó que la inmigración no puede "contenerse por decreto", expresó su convicción de que invertir en desarrollo en México es la mejor forma de contener el éxodo masivo hacia EEUU, donde se estima que hay unos 11 millones de inmigrantes mexicanos.
Antes de esta reunión, se habían producido en la cuidad de Mérida, a donde llegó el mandatario estadounidense, protestas por parte de unos 300 manifestantes, que llegaron incluso a golpear las vallas de protección que las fuerzas policiales habían instalado para proteger la entrada al hotel donde debía alojarse el presidente. |