Los
proyectos del Gobierno de Lula da Silva en la selva amazónica,
incluída la posibilidad de utilizar parte de este terreno
para plantar caña de azúcar y producir más
bioetanol, además de la futura construcción de dos
grandes hidroeléctricas y una nueva carretera, han forzado
la dimisión de la hasta ahora ministra de Medio Ambiente
de Brasil, Marina Silva.
Silva, férrea defensora
de la selva amazónica, presentó su renuncia al presidente
Luis Inácio Lula da Silva argumentando que su decisión
era “personal e irrevocable”. Con su dimisión, quita un
obstáculo al Gobierno para continuar con su plan de desarrollo
económico.
De acuerdo a la prensa internacional,
la renuncia se debe a que la funcionaria no compartía con
el Gobierno los planes de desarrollo económico, y por estos
desacuerdos enfrentó dificultades durante algún
tiempo en la implementación de la agenda ambiental.
Sergio Leitao, director de política
pública de la organización ambientalista Greenpeace
en Brasil, asegura que la ministra dejó el cargo ante la
presión que tenía debido a las medidas adoptadas
contra la deforestación del Amazonas.
Silva se opuso con éxito
a varios proyectos de infraestructura del Gobierno en la amazonía,
incluyendo dos grandes empresas hidroeléctricas sobre el
río Madeira, y una nueva carretera troncal. También
iban contra sus principios ambientales la decisión del
Gobierno de autorizar granos transgénicos y la construcción
de una nueva planta de energía nuclear.
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