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El presidente del Banco Mundial (BM),
Paul D. Wolfowitz, ha comenzado a recibir las primeras críticas
desde que llegó al cargo hace 15 meses. Entre los motivos
de los reproches destaca el de la política de restricción
que el máximo directivo esta llevando a cabo con el fin,
según él, de evitar la corrupción que se
produce en los países pobres a los que se destinan los préstamos del BM.
Wolfowitz ha decidido suspender
algunos de los créditos blandos que recibían naciones
como Chad, Kenya, Congo, Bangladesh, India y Etiopía porque
los fondos no iban a parar al desarrollo económico y social,
sino a otros fines. Bajo su mandato, el Banco Mundial ha prestado
ayudas por valor de 23.000 millones de dólares (unos 18.130 millones de euros), cifra ligeramente
superior al año anterior.
Los cálculos extraoficiales
estiman que entre el 10% y el 25% de los fondos recibidos por
Indonesia en los últimos 16 años, ha ido a parar
a la familia real indonesa. Algunos críticos, como el ex
vicepresidente del Banco Mundial Roberto Dañino, aseguran
que aunque hay que luchar contra la corrupción, esta medida
acabaría perjudicando más a los países pobres
al no recibir absolutamente nada de ayuda.
Los reproches contra Paul Wolfowitz
también se centran en los cambios de personal que el presidente
realizó en el área técnica de mando cuando
aumió el cargo que ahora desempeña. |