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Hillary Clinton es la última
candidata presidencial en anunciar su apoyo a la llamada Ley Blackstone,
la propuesta que desde hace un mes se debate en el Congreso estadounidense
para incrementar la factura fiscal de las firmas de capital riesgo
y situarla acorde con el resto de compañías. Parece
que de nada han servido los viajes que han realizado los presidentes
de las firmas Blackstone y Kohlberg Kravis Roberts, a Washington,
para persuadir a los legisladores.
Según la candidata presidencial,
el sistema fiscal debe recompensar el trabajo duro y servir a
las clases medias y familias trabajadoras. Clinton no ha dudado
en mostrarse severa con la situación actual y ha declarado
que es ofensivo para nuestros valores como nación
que un manager de inversión, que gana 50 millones de dólares,
pague unos impuestos menores que un profesor.
Aunque otros candidatos presidenciales
apoyan la propuesta, como Barack Obama o John Edwards, el paso
de la candidata es cuanto menos valiente, si tenemos en cuenta
que algunos de los financiadores de su carrera a la Casa Blanca
son destacables nombres de las firmas del capital privado, como
Glenn Hutchins de Silver Lake Partners o Steven Rattner de la
firma Quadrangle.
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