Menos
de un año después de haber ascendido a la presidencia
del Banco Mundial, el ex asesor del presidente de EEUU George
W. Bush, Robert Zoellick, empieza a sentir la presión de
algunos de los principales gobiernos de América latina,
Africa y Asia, zonas en las que este organismo prestatario internacional
mantiene la mayor parte de sus operaciones.
La apuesta de Zoellick por aportar
la liberalización del comercio como la mejor solución
para incentivar el crecimiento económico de los países
pobres, choca con la realidad de los números, que demuestran
que desde que él tomó posesión de su cargo
hasta ahora, los precios de los alimentos han experimentado un
crecimiento del 60%.
En general, los representantes
de los principales países emergentes en Washington llevan
varios meses insinuando a Zoellick que debe reorientar su política
de financiación para promover la autosuficiencia alimentaria,
pidiéndole así que abandone el apoyo a las posiciones
de EEUU en la ronda de Doha.
La posición de Zoellick
es aún más delicada debido a las insinuaciones de
algunos miembros del equipo de campaña de Barak Obama,
que se han sumado a la tendencia de solicitarle un cambio en la
política crediticia de la entidad financiera.
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