La Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), liderada
por los Gobiernos francés y alemán, ha lanzado una cruzada contra los países
que no cooperen contra la evasión fiscal. Los
50 paraísos fiscales identificados en el mundo manejan
activos por valor de diez billones de dólares (7,45 billones
de euros), según Transparencia Internacional. Esta cifra
representa aproximadamente tres veces el montante que los principales
gobiernos del mundo gastarán en conjunto en sus planes
de rescate del sector financiero, unos 2,809 billones de euros.
Dominica, Panamá y las Islas Caimán son algunos
de los países latinoamericanos considerados como paraíso
fiscal por la OCDE.
En concreto, Panamá está
siendo revisado por algunos países europeos para eliminarla
de su lista de paraíso fiscal, a pesar de albergar el mayor
de la región en la Zona Libre de Colón. De las casi
40.000 compañías que se encuentran registradas en
las Islas Caimán, 600 son bancos, los cuales manejan 500.000
millones de dólares estadounidenses en activos. Uruguay
también es considerado paraíso fiscal sudamericano,
ya que adoptó una política de exoneración
fiscal y secreto bancario para atraer inversiones.
Pero no sólo en Latinoamérica
se encuentran estas zonas. Los paraísos fiscales han conocido
un desarrollo espectacular desde los años setenta, formándose
en la periferia de los países industrializados de América
del Norte, de Europa y de Asia. Aproximadamente, la mitad de ellos
bajo bandera británica. Casi todos los países de
Europa tienen su propio paraíso fiscal y a veces dentro
de propio territorio.
En esta lista
negra podría introducirse Suiza, y es uno de los primeros
pasos para lograr una mayor armonización de la fiscalidad
internacional.
Aunque la OCDE no considera que
los paraísos fiscales hayan sido causantes de la actual
crisis, sí son vistos como una continua fuente de inestabilidad
en los mercados financieros. Antes del verano la organización
publicará su nueva lista, tras una nueva reunión en mayo
o junio en Berlín. Se espera que esté compuesta
por una docena de países.
La semana pasada, Nicolas Sarkozy
ya adelantó el camino que ahora parece seguir la OCDE,
al preguntarse “si era normal que un banco garantizado que
ha tenido que ser rescatado por el Gobierno podría seguir
operando en paraísos fiscales. La respuesta es no”,
concluyó.
Pascal Saint Amans, cabeza de la
división internacional de impuestos de la OCDE, ha señalado
que “no se puede resolver la crisis financiera introduciendo
más regulación y al mismo tiempo dejando que haya
resquicios donde prosperan los mercados no regulados”.
Suiza podría entrar en la
lista negra de paraísos fiscales, según se desprende
de las declaraciones del ministro de Finanzas alemán, Peter
Steinbrueck, que ha señalado que el país alpino
tiene importantes restricciones en el acceso a informaciones bancarias
con fines fiscales. Para el germano, “Suiza debería
estar en la lista negra y no en la lista verde” de países
que han cooperado.
El titular alemán de Finanzas
ha adelantado que su Gobierno va a poner en marcha medidas de
presión contra los paraísos fiscales, y ha dado
como ejemplo restricciones para que las empresas que operan en
esas jurisdicciones puedan hacerse deducciones fiscales o una
supervisión más minuciosa de las entidades que tienen
negocios en dichos países.
Fiscalidad armonizada.
Francia y Alemania, junto con sus principales socios,
buscan una mayor armonización de la fiscalidad internacional.
Uno de los grandes problemas que presentan los rescates financieros
es su financiación.
Si cada Gobierno sale por su cuenta
a los mercados internacionales en busca de financiación,
la crisis puede llegar a empeorar, si los distintos tesoros públicos
europeos empiezan a competir en la captación de fondos
en unos momentos en los que el dinero no abunda, precisamente.
Por lo tanto, la coordinación
vuelve a resultar indispensable en este punto y debe tener su
correlato en unas políticas fiscales de cierta homogeneidad
para evitar que los impuestos sirvan también de elemento
de competencia entre gobiernos.
En este duro contexto actual,
la lógica indica además, por lo tanto que, al menos
en Europa debe procederse a la armonización de las cargas
impositivas que soportan ciudadano y empresas y a la total eliminación
de los paraísos fiscales.
No va a resultar admisible que
exista la posibilidad para algunos capitales de eludir cualquier
control tributario, ahora que los Estados obligados a aportar
ingentes cantidades de dinero a las empresas financieras privadas.
Precisamente, en EEUU, que no ha participado en la reunión
de París impulsada por Francia y Alemania, la Hacienda
ha cambiado las reglas fiscales para permitir a sus multinacionales
repatriar dinero de los distintos países en los que operan
sus filiales sin exigir la fiscalidad de un 35% que antes sí
se exigía.
El esfuerzo por impulsar una regulación
más estricta también ha alcanzado a los movimientos
corporativos. La asociación belga de defensa de pequeños
accionistas Deminor anunció hoy un procedimiento judicial
sumario para suspender la venta del 75% de Fortis al grupo bancario
francés BNP Paribas, al considerar que la transacción
se acordó sin consultar a los accionistas.
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