a
 
Año IX - Madrid, miércoles 21 de noviembre de 2007
 

Intervención del presidente ejecutivo de Repsol YPF, Antonio Brufau, en el IX Foro Latibex

 

Buenos días. Es para mi un honor participar en este noveno Foro Latibex y agradezco a los organizadores la posibilidad de intervenir en el mismo.

La economía. Estoy seguro de que todos coincidiremos en destacar la positiva evolución económica. En los últimos años Latinoamérica vive un robusto crecimiento económico, con tasas media desde 2003 cercanas al 5%, y respaldado por una cómoda situación fiscal y de balanza de pagos.

Las perspectivas apuntan a que el crecimiento mantendrá su solidez en 2007 y 2008 con crecimientos del 5,0% y el 4,3% respectivamente, a pesar de la crisis de las subprimes en EE UU y de las subsiguientes turbulencias en los mercados financieros.

De cumplirse las expectativas, 2008 sería el sexto año de crecimiento consecutivo, con una mejora de la renta por habitante de la Región del 3% anual, lo que supondría un aumento acumulado superior al 20%. Además, debemos tener en cuenta el hecho histórico para Latinoamérica de compatibilizar este fuerte crecimiento con un contexto macroeconómico caracterizado por una baja inflación, balanzas de pagos no deficitarias y equilibrio presupuestario. Para observar un periodo de crecimiento continuado tan largo tendríamos que remontarnos a los años 60.

Pero qué es lo que ha cambiado en los últimos años que permita explicar esta bonanza. Desde el año 2000 se percibe la creciente contribución de los altos precios de los productos de exportación y de las importantes remesas de emigrantes. Pero no nos olvidemos de que nada hubiese sido posible sin las mejoras en el frente inflacionista y fiscal, consecuencia de los procesos de ajuste y de ortodoxia en las políticas de los años 90.

En lo concerniente a la inflación, tras la favorable evolución de los años anteriores, en los últimos meses se está registrando un aumento generalizado del nivel de precios en la Región. Esto se debe principalmente al incremento de los precios de los productos energéticos y de algunos alimentos, sin embargo todavía la inflación subyacente, salvo en contadas excepciones, es moderada. Como en todo el mundo los aumentos de precios están comenzando a generar alguna preocupación, ya que en este momento el control de la inflación a través de subidas en los tipos de interés puede crear tensiones en otras variables fundamentales como, por ejemplo, en los tipos de cambio real.

Según la CEPAL, después de que en el periodo 1980-2002 los precios de los principales productos exportados por Latinoamérica decrecieran a una tasa anual del 2%, entre 2003-2006, éstos han crecido a una tasa anual del 24%, lo que ha provocado un impresionante aumento en la relación real de intercambio de algunos países y considerable en otros. Esta tendencia podría continuar, ya que según muchos analistas el ciclo de elevados precios de las materias primas (commodities) puede ser sostenido en el tiempo.

Esta favorable evolución del entorno internacional ha permitido que entre 2003 y 2006 el superávit de la balanza comercial ha sido superior al 1% del PIB.

Además de las buenas perspectivas para los precios de las exportaciones, tampoco es probable que la cuantía de las remesas de emigrantes descienda sustancialmente dado que suponen el 3% del PIB actualmente, aunque no es descartable que puedan moderarse en función de la evolución de las economías receptoras de la inmigración.

La positiva evolución de los términos de intercambio ha tenido su reflejo en los favorables resultados fiscales de la Región, ya que los ingresos fiscales son muy sensibles a la evolución de los precios de las exportaciones. En 2006 el balance global ha estado cercano al equilibrio presupuestario, mientras el superávit primario de los países de la Región volvió a incrementarse.

Un elemento de preocupación en el frente fiscal es que los gastos se están incrementando de manera generalizada por encima del crecimiento del producto nominal. Este comportamiento parece haber continuado en la primera parte de 2007.

La mejora de la situación fiscal ha proporcionado un mayor grado de libertad para la financiación de los programas de gasto social.

Los mejores resultados fiscales junto a la apreciación de las divisas, la reestructuración de la deuda y la aplicación de la “Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados” han llevado a la reducción de la deuda pública con respecto al PIB, del 43,9% en el 2005 al 37% en el 2006 y al 35% estimado para el 2007.

El crecimiento sostenido del nivel de actividad ha permitido una mejora de los indicadores del mercado de trabajo, como lo demuestra la reducción de la tasa de desempleo del 9,1% en el 2005 al 8,6% en el 2006 y al 8,3% proyectado para el 2007. Además, los nuevos puestos de trabajo se caracterizan por ser de mejor calidad, como queda de manifiesto cuando se observa la creciente participación del empleo formal asalariado en el aumento del empleo.

La mejora de indicadores sociales. Estos resultados se traslucen en una mejora sostenida desde 2003 de los niveles de renta per cápita. En 2006, el crecimiento de la misma, medida en paridad del poder adquisitivo y expresada en dólares, fue del 6,3% mientras las previsiones para el futuro se mantienen muy positivas.

Este crecimiento y la lograda estabilidad macroeconómica se han traducido en avances en la reducción de la pobreza, que según los datos recientemente publicados por la CEPAL en 2006 se situó en el 36,5% de la población, la tasa más baja desde 1980, afectando a 194 millones de personas. Es previsible que esta cifra sea de 190 millones en 2007.

Además la pobreza extrema se redujo hasta el 13,4%, afectando a 71 millones de personas. Las previsiones ya disponibles para 2007 indican que se mantiene la tendencia descendente. Los avances son sustanciales: entre 2002 y 2007 se habrá reducido la pobreza extrema en casi 30.000.000 de personas, aunque todavía seguirá afecta a 69 millones.

Con los datos actuales, el primer Objetivo del Milenio de la ONU, reducir la pobreza extrema a la mitad entre 1990 y 2015 se habría conseguido en un 87%. De hecho en algunos países ya se ha conseguido el objetivo ( Chile, México, Brasil y Ecuador).

Un elemento a destacar es que la reducción de la pobreza está siendo en gran medida consecuencia de programas oficiales de reducción de la misma y de las remesas de los emigrantes. En el futuro será muy importante que la economía sea capaz de generar más empleo para lograr reducciones sostenidas y duraderas de la pobreza. Para ello es necesario que las políticas públicas generen un ambiente propicio para las empresas.

En conclusión, los últimos años no sólo han sido un periodo de crecimiento económico, sino que además han contribuido a fortalecer el desarrollo social de la Región, mejorando su cohesión, y por ende, su estabilidad política.

Esto se ve reflejado en el último informe publicado por el Latinobarómetro, que afirma que los efectos de los años recientes de crecimiento económico han sido reconocidos por la población. Además, según esta encuesta, el crecimiento ha tenido un impacto significativo sobre la percepción de los principales problemas de la Región. De hecho, el desempleo ha ido perdiendo peso como principal problema pues aunque sigue encabezando la lista en 2007 y el 18 por ciento de los encuestados lo valoran como el principal problema en 2007, esto significa un reducción de 6 puntos respecto a 2006. Sin embargo, la delincuencia, que hasta 2004 se consideraba como un problema menor, ha pasado a considerarse por el 17% de los encuestados la principal preocupación aumentando su relevancia en la lista y prácticamente igualada en importancia con el desempleo. Es de esperar que el crecimiento económico sostenido y las políticas públicas contribuyan a reducir los niveles de delincuencia.

Los siguientes problemas percibidos son: la economía, problemas económicos-financieros con un 11% y corrupción con un 11%.

La inversión como clave empresarial y económica. Latinoamérica necesita continuar creciendo y reduciendo las desigualdades. Pero si se quiere crecer de manera sostenida es necesario aumentar la inversión claramente por encima de los niveles actuales del 20% de porcentaje del PIB, cifra que ya parece un éxito comparada con el 16% de 2002. La inversión es la única forma de evitar cuellos de botella en el desarrollo.

Repsol YPF, como empresa comprometida con el crecimiento y cohesión de la Región ha venido desarrollando un fuerte proceso inversor en América Latina. Las inversiones totales acometidas en la Región en los últimos diez años hasta 2006 han sido superiores a los 34.000 millones de euros, algo más del 62% del total de las inversiones de la Compañía en este periodo. Además Repsol YPF dedicó casi el 50% de la inversión en programas sociales y culturales de la Compañía a la Región.

Este papel inversor adquiere especial relevancia en un momento en que la Agencia Internacional de la Energía ha revisado al alza las necesidades de inversión en infraestructura energética para Latinoamérica. Los nuevos datos indican que entre 2006 y 2030 éstas necesidades serán de 432 mil millones de dólares en el sector petrolero y de 292 mil millones de dólares en el sector gasístico. Además hay que recordar que las necesidades pueden llegar a ser mayores dado los dramáticos aumentos de los costes en Exploración y Producción, que según algunos analistas han aumentado más de un 120% en la región entre 2001-2005.

En los últimos años hemos presenciado cómo, pese al fuerte aumento de los precios del crudo, no se ha producido un incremento de la inversión y la producción de hidrocarburos de Latinoamérica.

Esta situación de por sí paradójica es aún más llamativa si se tienen en cuenta la nueva realidad de pujanza económica, donde las favorables expectativas de crecimiento económico hacen prever un fuerte aumento de la demanda de combustibles. Aumento que, en algunos países, se está viendo además alimentado por la baja imposición en el sector y la falta de traslación de los precios internacionales a los precios domésticos.

Los subsidios a los combustibles, que en 2005 llegaron a ser del 2,3% del PIB de América Latina y Caribe, no sólo están incentivando la demanda, sino que además llevan a un consumo energético poco eficiente y que suele beneficiar a las clases más altas.

En conclusión, si de un lado se mantiene el ritmo de crecimiento económico de la Región y las medidas que incentivan la demanda de crudo mientras se sigue sin facilitar las inversiones, afectando a la disponibilidad futura de la oferta, Latinoamérica podría, por primera vez en su historia, convertirse en importador neto de energía.

No sería lógico ni conveniente llegar a esta situación. Por lo tanto el reto es encontrar la forma de aumentar el gasto en Exploración y Producción y en infraestructuras tanto por parte de las empresas privadas como de las nacionales para así dar respuesta a la demanda y a las necesidades de la población. Para ello es clave dotarse de un marco jurídico estable que permita desarrollar el potencial de la oferta en la Región, sobretodo teniendo en cuenta los largos procesos de la industria.

Crecer y facilitar la inversión es la mejor política para reducir de manera duradera la pobreza existente y así se está entendiendo en muchos países, aunque no en todos.

Para vislumbrar un futuro de estabilidad y progreso se ha de partir de una base de estabilidad y transparencia del sistema institucional. Esto exige enfrentar los problemas políticos que dificulta la creación de modelos de estabilidad donde las empresas puedan trabajar con reglas de juego claras. En este marco es donde se producen las inversiones que generan proyectos empresariales sostenibles y la dinamización del tejido productivo industrial. Es por tanto necesario una política de cooperación del sector público, con una visión a largo plazo para que pueda producirse un aumento de la inversión y el crecimiento.

Muchas gracias.

 
 

Americaeconomica.com
Internet

 

 


 


 
 
Copyright© Americaeconomica.com - All rights reserved
Asesores de Publicaciones, S.L - España