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EEUU ha registrado un crecimiento
del 2% en el tercer trimestre, tras el aumento del 2,6% en el
segundo trimestre, según los datos definitivos del Departamento
de Comercio. Los analistas estimaron un crecimiento del 2,2%,
porcentaje que habia arrojado la anterior lectura.
El índice subyacente de
precios de gasto personal (PCE, por sus siglas en inglés),
la medida de inflación preferida por la Reserva Federal,
se ha mantenido, tras revisión, en el 2,2% en el tercer
trimestre y el PCE general en el 2,4%. La caída en la construcción
de viviendas, la mayor desde 1991, y el retroceso en el consumo
en servicios médicos son las prinicipales causas.
Este dato refleja una aceleración de las importaciones,
un gran descenso de la inversión residencial y una desaceleración
en el gasto de los consumidores en servicios, en la inversión
en inventarios y en el gasto público a nivel local y estatal.
La cifra muestra la temida desaceleración
de la economía estadounidense, causada, en gran parte,
por el enfriamiento del mercado inmobiliario. En el segundo trimestre,
que registró un crecimiento del 2,6%, ya se plasmó
esta ralentización, y hoy, la cifra definitiva es mucho
menor que el fuerte 5,6% del primer trimestre.
Más cerca de Europa.
El dato definitivo del PIB lanza otro dato de interés.
EEUU termina 2006 mucho más cerca del crecimiento económico
de Europa, ya que se acerca al 3% en términos interanuales,
cerca del crecimiento de Alemania y de Reino Unido que registraron
crecimientos del 2,8% y del 2,7%.
Curva de tipos. El dato
del PIB enfría más aún las expectativas de
que se produzcan nuevas alzas en los tipos de interés.
Mientras tanto, sigue el debate sobre las consecuencias de la
pendiente negativa de la curva de tipos en EEUU. Para algunos
analistas, este hecho podría ser un síntoma de recesión
en la economía estadounidense, pero no todos comparten
esta teoría. Otros expertos consideran, teniendo en cuenta
que en los últimos años se ha experimentado un fuerte
crecimiento de la economía mundial, que con el tiempo el
efectivo ofrecerá una rentabilidad más competitiva
frente a los bonos que en los últimos 50 años. Un
descenso de los rendimientos de los bonos no apunta, necesariamente,
a un deterioro vertiginoso de los tipos de interés a corto
plazo. Por otro lado, las actuales rentabilidades de los bonos
podrían ser sostenibles incluso en un entorno con tipos
de interés a corto plazo más elevados.
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