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A pesar de que la debilidad en el mercado de crédito
estadounidense es más que evidente, ninguno de los grandes
directivos en EEUU parece dispuesto a reconocerlo. El consejero
delegado de Merrill Lynch, Stanley O´Neal, declaró
hace unos días que no existen claros signos de que el aumento
de los impagos de las hipotecas de alto riesgo este dañando
el resto de los mercados de deuda en EEUU.
Ahora, son otros directivos los que han decidido sumarse a este
tipo de enfoque tranquilizador. El consejero delegado de JP Morgan,
Jaime Dimon, también trató de calmar a los inversores
en la junta de accionistas del pasado 18 de julio. Según
sus palabras, el mercado de deuda corporativa simplemente se encontraba
un poco congelado. Dos días después,
el índice de referencia para este mercado alcanzó
sus mínimos históricos. Junio ha sido el peor mes
para los bonos de alta rentabilidad en los últimos dos
años.
Pero los directivos parecen decididos a llevar la contraria a
los números. Christopher O´Meara, uno de los altos
cargos de Lehman Brothers, ha dicho a los accionistas que los
retos que plantea el mercado de deuda corporativa van a estar
razonablemente contenidos. Precisamente, la misma visión
que se defiende desde Bear Stearns.
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