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El Club de Madrid ha finalizado
su V Conferencia Anual "Energía y Liderazgo Democrático:
Desafíos" con la presentación de una serie
de recomendaciones para afrontar los actuales retos energéticos.
Las propuestas se dirigieron claramente a motivar a los dirigentes
democráticos a tomar unas medidas que, según los
líderes reunidos en la Conferencia, no pueden esperar por
más tiempo.
Ricardo Lagos, ex presidente de
Chile y nuevo presidente del Club de Madrid, señaló
en el acto de clausura de la Conferencia que el plazo para que
las vulnerabilidades que se derivarán del cambio climático
y del incipiente agotamiento de los recursos energéticos
no renovables se hagan patentes es de tan sólo 15 años.
Por este motivo, concluyó, "las medidas tienen que
tomarse hoy".
Lagos ponía una vez más
el dedo en la llaga señalada en el día anterior
por Felipe Gónzalez y Antonio Guterres, ex presidentes
y primer ministro de España y Portugal, respectivamente:
la falta de voluntad política por parte de dirigentes,
líderes y ciudadanos a la hora de enfrentarse a estas verdades
y actuar en consonancia.
Las conclusiones finales incidieron
así en la necesidad de que los gobiernos democráticos
adopten medidas que además de evitar las consecuencias
económicas que supondría una futura crisis energética,
garanticen también que los beneficios de la energía
se reparten equitativamente tanto entre los distintos países
como en el interior de los mismos.
Javier Solana, alto comisionado
de la Unión Europea (UE) para una Política Exterior
y de Seguridad Común (PESC), señaló la importancia
de un diálogo entre países desarollados para consumir
menos, ya que bastaría con que cada habitante de EEUU consumiese
lo mismo que uno de la UE para que se ahorrase, cada día,
toda la energía que necesita Irán.
Solana señaló que
las soluciones pasan, por ello, además de por el ahorro,
por las energías renovables y por rescatar el debate en
torno a las nucleares. En su opinión, hoy en día,
nos encontramos ante un cambio de paradigma en la sociedad internacional
ya que la mayoría de los asuntos que se tratan en el Consejo
de Seguridad de la ONU ya no tienen que ver con lo ideológico,
sino con la energía.
Por este motivo, en la presentación
de las conclusiones también se apuntó a la necesidad
de un concepto más amplio de seguridad energética.
Bajo esta nueva concepción, la seguridad ya no sólo
iría equiparada al suministro, sino también a un
reparto equitativo de sus beneficios, tanto entre países
como dentro de las sociedades que los integran.
Algunas de las medidas que contribuirían
a esta mayor equidad serían la integración energética,
el aumento de los ciclos de inversión mediante el logro
de la previsibilidad de los ciclos de la demanda y la oferta,
la creación de estándares públicos o la necesidad
de fortalecer y hacer más transpartentes los marcos regulatorios.
En este sentido, se elogió
la Iniciativa por la Transparencia de las Industrias Extractivas
(EITI en sus siglas en inglés) y desde el Club de Madrid
se instó a todos los gobiernos a apoyar y aplicar sus normas
lo antes posible.
Ana de Palacio, vicepresidenta
del Banco Mundial, señaló por su parte que la información
crea efectividad dentro del marco de la Ley. Por este motivo,
Rut Diamint, profesora de Ciencia Política, incidió
en la necesidad de apoyar a los defensores de la democracia y
los derechos humanos en los países que carecen de las garantías
necesarias.
Feng Gao, secretario ejecutivo
adjunto de la Convención Marco de la ONU sobre el cambio
climático, también señaló la necesidad
de apoyar a los países en desarrollo con transferencia
de tecnología que les permita ahorro en su consumo y eficacia
en la producción energética.
Una línea en la que también
incidió Ricardo Lagos al hablar de la necesidad de equidad
y al señalar: "Todos somos responsables, pero unos
más que otros y el grueso de la responsabilidad está
en los grandes consumidores".
Desde la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE),
su secretario general, Ángel Gurría, retomó
el argumento de que algunas medidas no pueden esperar por más
tiempo y puso el ejemplo de la construcción de casas inteligentes
que permitirían el ahorro energético. Aunque, en
su opinión, tomar decisiones como esta tendría un
coste de entre una y dos décimas en el crecimiento anual,
pero el que se derivaría de no hacerlo sería mucho
mayor.
En definitiva, se planeteó
la necesidad de dibujar un panorama de futuro en el que las energías
renovables tengan progresivamente una mayor presencia y en el
que se cree una nueva economía basada en la sostenibilidad.
Para que esto sea posible, Solana reafirmó la necesidad
de un diálogo más extenso y eficiente entre países
ricos consumidores y países productores.
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