El
presidente de Brasil, Lula da Silva, ante la proximidad de las
elecciones -que tendrán lugar en octubre-,
ha decidido aumentar el gasto público.
El pasado mes de mayo, el mandatario
aumentó un 17% el salario mínimo, que pasó
a ser el más alto de los últimos tres años.
Además, ha concedido a los granjeros una ayuda de 15.000
millones de reales (5.400 millones de euros), con el objetivo de ganarse su voto en los
comicios según algunas versiones de la prensa local.
Sin embargo, no todo son buenas
noticias para el presidente brasileño, pues en su intento
de aumentar la actividad económica, también ha originado
un aumento en la inflación que hace que la deuda externa
del país no pueda ser reducida de la manera en la que los
esfuerzos del Gobierno pretendían, tal y como ha afirmado
Roberto Macedo, profesor de Economía de la Universidad
de Sao Paulo.
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