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En contraposición a la
tensa campaña electoral, las discrepancias y divisiones
que proliferan dentro de la alianza nacionalista de Ollanta Humala,
junto con la "tregua" concedida por la mayoría
de las fuerzas opositoras al Partido Aprista Peruano, permitirán
al presidente electo, Alan García iniciar su gestión,
a partir de la investidura de mañana, con relativa calma.
La ruptura de Unión por el Perú (UPP), tras el anuncio
de su líder, Ollanta Humala, de crear un "frente popular
nacionalista" contra García dificulta seriamente la
labor de la que sería la principal fuerza de la oposición,
al tiempo que le pone en dificultades de cara a los comicios regionales
y locales del próximo noviembre.
La ruptura se produjo con la inclusión
en ese frente de movimientos de izquierda radical, lo que alentó
el descontento entre las bases y los dirigentes de UPP, de forma
que algunos de sus aliados durante la campaña electoral
han abandonado la coalición. Entre ellos el ex candidato
a la segunda Vicepresidencia por UPP, Carlos Torres.
Desde el otro lado del espectro
político, la conservadora Lourdes Flores, de Unidad Nacional
(UN), ha anunciado que los 17 congresistas de UN respaldarán
en el Congreso las iniciativas apristas cuando éstas coincidan
con sus propuestas conservadoras. Aunque a priori esto no sería
lo previsible dado el cariz socialdemócrata del Partido
Aprista, Flores ha recordado que García ganó en
la segunda vuelta con los votos prestados de UN, por lo que no
sería descartable que se produjeran estos acuerdos.
Además, UN también
se dividió tras la derrota en las elecciones con la salida
del partido Renovación Nacional (RN) y podría afrontar
un nuevo cisma antes de los comicios locales de noviembre.
Con respecto a las fuerzas minoritarias,
la formación encabezada por la hija de Fujimori, Alianza
por el Futuro, también se ha mostrado conciliadora con
el Gobierno aprista, al igual que el resto de los partidos: Frente
de Centro, Perú Posible y la formación evangélica
Restauración Nacional.
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