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El presidente de Honduras, Manuel
Zelaya Rosales, celebra su primer semestre como gobernante en
medio de las revueltas callejeras de estudiantes, las presiones
de su propio partido y de varios grupos de activistas que exigen
los 100.000 puestos de trabajo al año que Zelaya prometió
en su campaña electoral. El presidente además tiene que hacer frente a los insistentes
rumores de inestabilidad de su Gabinete, que en estos meses ha
visto salir a siete funcionarios.
En el apartado de relaciones internacionales,
Zelaya ha llegado a la confrontación pública
con EEUU, por la preocupación mostrada por este último
en relación a la transparencia en el manejo de la licitación
internacional que podría concluir con la compra de combustibles
al Gobierno de Venezuela.
En lo referente a materia fiscal,
se han elevado los subsidios estatales y los salarios, por la
contratación de liberales en diferentes instituciones.
El Gobierno también ha recibido duras críticas en lo referente a transparencia y seguridad ciudadana.
Sin embargo, sectores vinculados
al Gobierno afirman que aún es demasiado pronto para evaluar
al presidente, puesto que otros gobiernos no son sometidos a la
misma presión que el suyo.
Patricia Rodas, presidenta del
Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal, ha afirmado que
Zelaya "está empeñado en llenar las expectativas"
que creó a lo largo de la campaña. Según
declaraciones al diario digital hondureño La Prensa ,
el presidente "está tratando de sentar las bases de
la transformación para que haya producción y riqueza".
A todo esto se unen los rumores
sobre posibles futuros cambios en el Gabinete de Gobierno, bien
porque los ministros no conectan con la personalidad del dirigente, o bien porque
no aguantan su ritmo de trabajo: se cuenta que en ocasiones Zelaya ha
llegado a llamar de madrugada a alguno de sus colaboradores para
preguntarle sobre alguna tarea que le había encomendado.
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