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Los economistas creen que, independientemente
de quién gane las elecciones brasileñas el próximo
domingo, el candidato elegido deberá acelerar el ritmo
de crecimiento de la economía de Brasil con una limitación
del alza en el salario mínimo, una disminución del
gasto de pensiones y salarios de los funcionarios, la extensión
de una fuente crucial de ingresos tributarios y una mayor flexibilidad
en la administración del presupuesto.
El Gobierno del actual presidente,
Luiz Inácio Lula da Silva, ha incrementado el gasto en
un 14,8% este año, reduciendo el superávit presupuestario
primario (del que se excluye el pago de intereses de la deuda
externa) hasta julio a un 4,33% del Producto Interior Bruto (PIB),
la tasa más baja en unos dos años.
"Dada el alza en los gastos
este año, el Gobierno tendrá que reducir el ritmo
del crecimiento de gastos en 2007. Eso es la primera cosa que
debe hacerse", ha dicho José Carlos de Faria, economista
jefe para Brasil del Deutsche Bank en Sao Paulo.
El gasto hasta ahora ha excedido
el alza del 11,1% en los ingresos tributarios y buena parte de
ello ha sido como resultado de una medida del Gobierno para aumentar
el salario mínimo por encima de la inflación.
El llamado incremento real del
salario repuntó al 13% en 2006 frente al 7,9% en 2005,
el 2,2% en 2004 y un 0,5% en 2003.
El incremento del salario mínimo
tiene un efecto dominó en las finanzas públicas
de Brasil, debido a que los beneficios de la seguridad social
y los salarios de los empleados públicos se vinculan a
esas alzas salariales.
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