| La demanda externa, impulsada por
la depreciación del dólar, mantiene el crecimiento
económico en EEUU y limita la tendencia a la ralentización.
El PIB del segundo trimestre, antes de la crisis del verano, creció
un 3,8%, revisado desde la estimación anterior del 4%.
Expertos consultados por El Boletín consideran que la debilidad
del dólar en el mercado de divisas ha provocado una desviación
en el peso del PIB estadounidense hacia la demanda externa. Si
históricamente el principal impulsor del crecimiento de
la mayor economía del mundo era el consumo interno, los
expertos creen que a partir de ahora las exportaciones que realice
EEUU pasarán a ocupar esa posición dominante gracias
a la depreciación del dólar, que ayer mismo tocó
un nuevo mínimo histórico frente al euro en un cruce
de 1,4163 dólares. Un dólar débil provoca
que las exportaciones realizadas en monedas extranjeras ganen
valor al ser convertidas en la moneda local, al mismo tiempo que
hacen más atractivos los productos estadounidenses en el
exterior. Los analistas creen además que esta situación
de debilidad se va a mantener al menos a medio plazo, lo que contribuirá
además a relajar el déficit comercial de EEUU, que
los analistas consideran excesivo. Sin embargo la demanda externa
no es suficiente para evitar que se mantenga una clara tendencia
de ralentización en el crecimiento.
Desaceleración. Esta desaceleración económica
era ya patente antes del estallido de la crisis de las subprimes,
según consideran los analistas, que creen además
que se verá agudizada por ella. El Departamento de Comercio
ha anunciado que en el segundo trimestre del año, antes
de la crisis del verano, la economía estadounidense creció
un 3,8%, dos décimas menos que la estimación previa
publicada, en línea con las expectativas de los analistas.
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