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El presidente boliviano, Evo Morales, y su oposición han radicalizado sus discursos, después de la aprobación el pasado fin de semana de la nueva Carta Magna por una mayoría oficialista en la Asamblea Constituyente. Desde entonces, ambos bandos compiten con manifestaciones multitudinarias en La Paz y Santa Cruz y desoyen las llamadas a la moderación.
Los líderes de ambos bandos se han culpado mutuamente de la violencia que causó cuatro muertos y 300 heridos en Sucre el pasado fin de semana, y de dividir a Bolivia y llevarla a una guerra entre hermanos.
Por su parte, Morales ha ignorado las protestas por la aprobación de la nueva Constitución sin el apoyo de la oposición, y ha pedido a los miembros constituyentes afines a su ideología, que vuelvan a reunirse para terminar el proceso.
Como reacción a los actos del presidente, los líderes políticos y cívicos opositores de seis de los nueve departamentos de Bolivia han convocado una huelga para mañana en contra del presidente Evo Morales y de la nueva Constitución aprobada por su partido.
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