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El Gobierno boliviano ha entrado
en un período de confrontación política con
los grupos de oposición por la decisión de expulsar
al cubano anticastrista Amarius Sanmartino "en cualquier
momento". Mientras el Ejecutivo defiende que se trata de
una cuestión de inmigración (el permiso de residencia
del cubano ha caducado), los opositores piensan que se trata de
un caso de sumisión al régimen cubano.
A los grupos de oposición se ha sumado el Defensor de Pueblo,
Waldo Albarracín, que ha pedido a las autoridades suspender
la expulsión del cubano "por razones humanitarias",
ya que se encuentra ingresado por taquicardias, para no afectar
a la "imagen internacional" de Bolivia.
Sanmartino fue detenido y trasladado a La Paz por haber violado
acuerdos migratorios y por intromisión en asuntos internos.
Sin embargo, la oposición a Evo Morales ha declarado que
se trata de represalias porque el cubano ha apoyado en distintos
momentos a los opositores al presidente, ya que, durante la reciente
crisis entre grupos opositores de Santa Cruz y el Ejecutivo, Sanmartino
solía aparecer en entrevistas televisivas para denunciar
el régimen castrista y la presunta injerencia de La Habana
en Bolivia.
El jefe de la Policía, el general Isaac Pimentel, ha subrayado
que el cubano no es un refugiado político, sino que tenía
un visado de residente que ha caducado en septiembre. Sin embargo,
el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Germán
Antelo, sostiene que "ha sido secuestrado por emitir expresiones
de lo que pasaba en su país que no quería que sucediese
en Bolivia". Por otra parte, el portavoz presidencial, Alex
Contreras, ha declarado que "el señor Sanmartino está
en el país de forma ilegal, aparece en los medios de comunicación
en diferentes coyunturas para denigrar al presidente Fidel Castro
y también para entrometerse en problemas internos".
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