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Esta semana se cumplen 26 años
desde que Honduras y El Salvador firmaron el tratado de paz por
el cual zanjaban un período de hostilidad que duraba once
años, debido al conflicto que enfrentó a ambos países
en 1969, y que popularmente se le conoció como “la
guerra del fútbol”, aunque nada tuvo que ver con
este deporte.
A finales de los años 60
tropas de El Salvador invadieron territorio hondureño durante
cinco días, pero aún así este brevísimo
conflicto dejó un total de 6.000 muertos. No fue hasta
1980 que los dos países centroamericanos suscribieron el
cese de hostilidades, auspiciado por la Organización de
Estados Americanos (OEA).
Y es que la problemática
para los límites fronterizos entre Honduras y El Salvador
aún no está zanjada. De hecho, recientemente se
ha abierto un nuevo conflicto debido a que una publicación
de las Fuerzas Armadas Salvadoreñas incluían la
Isla Conejo dentro de los límites de su país, algo
por lo que ha protestado el Gobierno hondureño.
Isla Conejo, de no más de
un kilómetro cuadrado de extensión, está
estratégicamente situada en el golfo de Fonseca, lo que
asegura a Honduras una salida al Pacífico. Históricamente
estas aguas han sido compartidas por no sólo por El Salvador
y Honduras, si no también por Nicaragua.
El presidente de Honduras, Manuel
Zelaya, y el de El Salvador, Antonio Saca, coincidieron esta semana
en la toma de posesión de la nueva junta directiva del
Parlamento Centroamericano (PARLACEN), y manifestaron que “nuestras
relaciones por el mejor momento; el tema de la isla Conejo en
ningún momento ha estropeado nuestras relaciones y es la
vía diplomática la que va a resolver este problema”,
afirmó el máximo mandatario salvadoreño.
Al conflicto entre Honduras y El
Salvador se le conoce como “guerra del fútbol”
porque durante un partido de las eliminatorias del Mundial de
Fútbol de México 1970 entre ambos países,
se evidenciaron las extremas tensiones que existían, y
que desembocarían en el conflicto armado.
Tras la suscripción de la
paz, la Corte Internacional delimitó las fronteras entre
los dos territorios, y otorgó el 60% de las tierras en
disputa a Honduras y el 40% a El Salvador. En 2003 la Corte ratificó
su decisión, aunque aún falta por demarcar el 30%
de la línea divisoria.
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