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Ya son varias las peticiones de
congresistas estadounidenses que instan a su gobierno para revisar
“toda forma de asistencia” a Nicaragua, en el caso
de que Daniel Ortega, candidato presidencial por el Frente Sandinista
de Liberación Nacional (FSL), gane los próximos
comicios electorales del 5 de noviembre.
Tanto Ed Royce, presidente del
Subcomité de No Proliferación del Terrorismo Internacional,
como el presidente del Comité de Inteligencia, Peter Hoekstra,
del Congreso de EEUU, enviaron ayer un documento a la secretaria
de Estado, Condoleeza Rice, en el que sugerían el bloqueo
de las remesas que envían los nicaragüenses que se
encuentran trabajando en ese país.
Se calcula que los inmigrantes
nicaragüenses mandan a su país de origen entre 550
y 630 millones de euros, una cuantía muy importante en
uno de los países más pobres de Latinoamérica.
La mayoría lo hacen desde suelo estadounidense.
Esta propuesta no es novedosa,
ya que se une la que recientemente hizo el congresista republicano
por el Estado de California, Dana Rohrabacher, y en que se pedía
las mismas medidas.
En la capital de Nicaragua, Managua,
la agregada de prensa de la Embajada de EEUU Kristin Stewart respondía
a los medios locales que “de la misma manera en que los
nicaragüenses tienen el derecho soberano a escoger a sus
líderes, EEUU tiene el derecho a determinar sus políticas”.
“Si algún gobierno
extranjero tiene relaciones con organizaciones terroristas, como
los sandinistas lo tuvieron en el pasado, la ley en EEUU nos permite
aplicar sanciones” añadía Stewart.
Por su parte el republicano Rohrabacher
no es la primera vez que hace un gesto de este estilo, ya que
durante las elecciones presidenciales de El Salvador de 2004,
apeló al Gobierno de G. W. Bush a que reformulara las relaciones
bilaterales si Shafick Handal ganaba las elecciones que disputaba
contra Antonio Saca, actual mandatario del país.
Hace pocas semanas un comunicado
procedente de la Secretaría de Estado de EEUU alertaba
a sus conciudadanos y a los turistas que estuvieran atentos por
las posibles repercusiones violentas contra los mismos que podría
tener la victoria Ortega, al que las encuestas le conceden entre
siete y once puntos de ventaja sobre su inmediato opositor, el
derechista Eduardo Montealegre.
Estas son las elecciones más
tensas que vive el país desde hace mucho tiempo, no tan
sólo por la candidatura del sandinista Ortega, ex presidente
del país, sino también porque es la primera vez
que los principales partidos nacionales se presentan divididos
ante su electorado.
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