En lo que fue considerado por gran parte del Congreso de EEUU como la medida de política comercial más relevante de los últimos diez años, el Gobierno norteamericano, haciéndose eco del fuerte poder de lobby de los industriales afectados, por primera vez en 23 años anunció que impondrá sanciones contra los productos chinos que perjudican a las empresas locales.
Así, hoy es el papel satinado el que recibe la imposición de gravámenes que van del 10,9% al 20,35%, pero próximamente podrían sumarse productos como aluminio y textiles a esta súbita cruzada norteamericana contra las importaciones provenientes del gigante asiático.
"La economía de China se ha desarrollado hasta el punto en que podemos agregar otra herramienta de ajuste comercial, tal como la ley de gravámenes compensatorios", han señalado fuentes de las autoridades estadounidenses. De esta manera, la figura de los industriales como grupo de presión en el seno del Congreso norteamericano no es un elemento nuevo, de hecho, la firma que dio pie al anuncio ya había presentado las primeras reclamaciones contra el ingreso de este producto en 1991. Sin embargo, sí se considera “innovadora” la medida que lograron. De hecho, durante casi un cuarto de siglo, los sucesivos gobiernos de EEUU se rigieron por una única política de no aplicar gravámenes compensatorios a economías no reconocidas como de libre mercado, y tal es la tipificación que EEUU hace de China.
Y hoy en día, el estandarte del libre comercio, tan característico de EEUU y uno de los elementos más utilizados para satanizar la gestión de George W. Bush así como también la de sus antecesores, especialmente en Latinoamérica, hoy es apenas una sombra del peso real que ostentaba en el pasado.
De hecho, en el Congreso hay varios proyectos de ley que abogan para que el Departamento de Comercio deje de lado su política pasiva y se lance a frenar todas aquellas importaciones que amenacen a la industria local.
"La decisión de hoy es el paso más significativo que hemos tenido en esta década hacia una política comercial con China más firme", sostuvo el representante republicano Phil English, de Pennsylvania. Max Baucus, representante demócrata de Montana, por su parte, dijo que "el Departamento de Comercio tiene que defender a las industrias de EEUU perjudicadas por subsidios desleales, sea cual sea el socio comercial que viola las reglas de juego. “EEUU tiene un enorme déficit comercial, pero contrariamente a lo que podría definirse un enfoque mercantilista, tiene una tasa de desempleo notablemente baja. Si EEUU tuviera este déficit pero un desempleo del doble que la que tiene ahora, los movimientos proteccionistas serían mucho más fuertes".
Por su parte, el Gobierno chino, que durante los últimos meses se empeñó en demostrar al mundo una mayor predisposición en nivelar su balanza comercial, desalentando las exportaciones de productos que no cuidan el medio ambiente o implican altos gastos de energía durante sus procesos de producción, expresó su insatisfacción por la medida.
"Esta acción de la parte estadounidense es contraria al consenso alcanzado por los líderes de ambos países para resolver las diferencias a través del diálogo", sostuvo Wang Xinpei, vocero del Ministerio de Comercio chino, quien agregó que "La decisión provoca un daño enorme a los intereses y sentimientos de la gente de negocios china y es inaceptable".
Una de cal y una de arena. Este clima de hostilidades se da exactamente en el mismo momento en el cual EEUU acordó con Corea del Sur, tras diez meses de negociaciones, un Tratado bilateral de Libre Comercio (TLC) que abolirá en tres años todos los aranceles. Al respecto, el ministro surcoreano de Comercio, Kim Hyun-chong, resaltó el "significado histórico" de un acuerdo que, aseguró, "abre una nueva era y será un nuevo motor de crecimiento" para la economía surcoreana.
A su vez, el Representante de Comercio adjunto de EEUU, Karan Bhatia, resaltó que este logro económico creará nuevas oportunidades en ambas economías. De hecho, es visto como el acuerdo más relevante para el país desde la creación del Nafta (el TLC entre EEUU, Canadá y México). A pesar de ello, EEUU es visto hoy como una de las potencias responsables de frenar, a partir de su negativa a abandonar o disminuir su política de subsidios al agro, los avances de la Ronda de Doha en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Para sumar más elementos que alimentan esta doble postura, de avanzar en términos de liberalización pero a su vez manteniendo políticas domésticas restrictivas, se da el caso del etanol: con Brasil, EEUU se planteó el lanzamiento de una suerte de “OPEP verde” con la finalidad de hacer punta en el desarrollo, producción y comercialización mundial de biocombustibles y, sin embargo, mantiene un cargo de 54 centavos por galón contra el etanol brasileño, dada la menor competitividad de su producto basado en el maíz, derecho que a su vez el Gobierno lo utiliza para subsidiar al campo.
EEUU es hoy una víctima de sus propias luchas políticas internas, donde los intereses del presidente George W. Bush chocan de frente contra las limitaciones cada vez más férreas de los demócratas, quienes ganaron mayor participación durante las últimas elecciones legislativas. En este sentido, un claro ejemplo de las divergencias se da en el caso de las exigencias de revisión de los TLC con Perú, Colombia y Panamá por parte de los legisladores demócratas. Al respecto, antes de dar el visto bueno, ahora exigen “renegociar” los acuerdos para incluir mayores protecciones a los trabajadores en el marco de los tratados de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Bush aseguró que “iba a dar batalla” para la aprobación del TLC con Colombia. Pero tal como se vio, este no es el único enfrentamiento del presidente con un Congreso donde se refleja el avance de los demócratas y un parcial retroceso de los republicanos.
De hecho, Bush también es partidario de eliminar el impuesto que pesa sobre el etanol, pero tal como se lo expresó al propio mandatario brasileño -principal interesado en la supresión de este gravamen-, esto es tarea de revisión exclusiva de este Congreso, que a su vez también se muestra reacio a disminuir los subsidios al agro, postura que enfría aún más cualquier tipo de avance en la Ronda de Doha.
A la hora de firmar acuerdos de libre comercio, EEUU se muestra como un país muy liberal en temas de servicios e industriales pero cuando se discuten temas agrícolas ahí se vuelven realmente restrictivos. Esto demuestra que EEUU está en una etapa muy complicada porque por un lado plantea de acuerdos con Brasil y a su vez está instando a avanzar en la Ronda pero el tema central doméstico, por si fuese poco, es que no se visualiza cómo se va a solucionar el tema de la discusión de la Ley Agrícola. Este punto es crucial, porque mientras Bush y sus partidarios del libre comercio buscan consenso para avanzar en una flexibilización de derechos y subsidios, el Congreso parece decidido a defender la vigencia por cinco años más de esta normativa que mantiene los subsidios al campo, un ancla más en el camino a la liberalización multilateral del comercio.
Además, advertimos una gran cantidad de lobby que presionan hasta el límite a efectos de promover la aplicación de nuevas sanciones y que parecen tener cada vez mayor receptividad entre los legisladores demócratas, de histórico acercamiento para con los sindicatos.
Estamos viendo una larga transición donde más por motivos políticos que por motivos puramente económicos se generan estas sensaciones de tenaz debate. Sin duda el liderazgo demócrata en el Congreso muestra su fortaleza y a simple vista la única forma de aclarar el panorama y destrabar el debate, siempre y cuando el Congreso acompañe,
será ver qué pasa en las próximas presidenciales y con qué agenda sube el próximo presidente de EEUU. |