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Año IX - Madrid, viernes 27 de abril de 2007
 
Opinión
 

Retomando la planificación energética

Por Álvaro Ríos Roca*

Es conocido por todos que las reformas estructurales impulsadas desde finales de la década de los años ochenta y durante la de los noventa en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe planteaban una serie de medidas para gestar cambios profundos, principalmente en materia económica.

Los objetivos de las estas reformas estaban dirigidos en el sector energético en particular a: 1)  Estimular la competencia y la apertura a inversiones del sector privado.

2) Gestar privatizaciones y/o capitalizaciones con transferencias de empresas pública.

3) Desintegración vertical para tener segmentos competitivos.

4) Promover tarifas y precios de mercado más económicos y competitivos

5) Crear entes reguladores autónomos e imparciales que defiendan a los usuarios y también el interés de las empresas.

6) Estados básicamente normadores.

7) Integración regional fomentada mediante la actividad privada, con armonización de marcos regulatorios subregionales, impulsada por los gobiernos.

8) Otros.

En este sentido, y fruto de la rapidez de estos cambios, las privatizaciones y la desintegración vertical de mercados en el sector energético, varios países de la Latinoamérica y el Caribe descuidaron lo que conocemos como “Planificación Energética”. Todo lo contrario debía haber ocurrido y el Estado jamás debía debilitar o abandonar su rol en la planificación energética ya que, por esencia, es su responsabilidad final el suministro seguro de energía a largo plazo, utilizando para ello los energéticos más abundantes, económicos y limpios posibles.

Una confiable y estudiada planificación energética sólo puede indicarnos caminos viables y reales para la toma de decisiones en materia energética. Seamos enfáticos, la planificación energética nos permite tomar decisiones correctas en el corto, mediano y especialmente largo plazo, es decir, correctas políticas energéticas. Por eso es frecuente escuchar: “No tenemos una coherente política energética”. Más bien, lo que tenemos en varios de los países son políticas energéticas de corto plazo basadas en necesidades inmediatas o coyunturales, que gran daño le hacen a las economías y al desarrollo de nuestras naciones.

Si la planificación energética había sido abandonada o debilitada en varios de los países, dejamos a criterio de los lectores imaginar lo que ocurría y todavía ocurre en el ámbito subregional o regional en los países de Latinoamérica y el Caribe, que de una manera u otra han generado interdependencia energética entre ellos. Por lo expuesto, y análogamente, tampoco tenemos unas políticas energéticas subregionales o regionales basadas en hechos o caminos viables, reales y sobre todo bien estudiados.

Entremos al análisis de lo que es la planificación energética. En primer lugar, un país debe constantemente conocer y analizar la estructura actual de su matriz energética, balance energético y tener una base de datos histórica de lo acontecido. Debe también, constantemente, realizar estudios para conocer su relación de oferta y demanda en el corto, mediano y largo plazo, como por ejemplo a 15, 20 o 25 años. Es decir, debe preparar estudios prospectivos, lo más objetivos posibles, que señalen escenarios futuros de oferta y demanda y realizar balances energéticos a futuro. La oferta, por supuesto que puede ser interna o de fuentes externas.

Con esta información se deben trazar escenarios o caminos posibles que permitan generar abastecimiento seguro, confiable, económico y lo más amigable posible con el medio ambiente y esto es a lo que se denomina planificación energética y que debería llevarnos a una bien decidida política en materia energética.

La planificación energética debe ser responsabilidad total del Estado, debe tratar de ser siempre táctica y estratégica, es decir, debe mirar el corto y largo plazo, respectivamente. Contar con una planificación energética táctica o de corto plazo únicamente, como hemos analizado y como esta ocurriendo en varios países de la región, nos lleva a decisiones de política energética que pueden resultar no beneficiosas para las naciones por una falta de visión hacia el futuro.

En este contexto y en virtud de que varios países han decido reconstruir sus sistemas de información energética, conocer en detalle su estructura energética actual y realizar los estudios de oferta y demanda, también se debate la forma de realizar la planificación energética.

Las reformas que se impulsaron imprimían la planificación indicativa, en la que el Estado debía indicar los caminos a tomar y los inversionistas podían o no tomar ese camino. Por el otro lado, está la planificación energética de tipo obligatorio, en la que el escenario trazado debe cumplirse a cabalidad, como es el caso de México o Costa Rica, donde no se han dado privatizaciones o el esquema adoptado es el de comprador único. Se discute también un modelo mixto entre estos dos tipos de planificación.

Lo importante es que los países han comprendido que dejar de lado la construcción de sistemas estadísticos, balances energéticos y planificación energética no es una buena idea y, como hemos manifestado, muchos países de la región están tratando de rearmarse y reconformar sus equipos e instituciones en este sentido.

Lo más interesante de todo esto es que lo que ocurre a escala nacional también viene ocurriendo en las subregiones de Latinoamérica y el Caribe. La reciente Cumbre de Presidentes de Sur América en Venezuela establece en uno de sus articulados: “Trabajar con miras a establecer una sistematización y evaluación del balance energético suramericano con el fin de proyectar una matriz energética regional, identificar opciones de integración energética y fomentar proyectos de la Comunidad Suramericana de Naciones”.

La Organización Latinoamericana de Energía (Olade) desde hace varios meses viene apoyando decididamente el cumplimiento de este rol en el ámbito nacional dentro de los países de Latinoamérica y el Caribe, pero también creemos que puede hacerlo en la esfera de las subregiones, pues mantiene la única base de datos energética con la información de 26 países de la región y tiene herramientas técnicas que le permiten poder apoyar la planificación energética subregional y regional.

* Álvaro Ríos Roca, es el actual secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) durante el periodo 2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia, experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales, conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en EEUU.

 Las ideas y opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor y no expresan necesariamente la opinión de la Organización o de sus Países Miembros.

 
 

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