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Año X - Madrid, viernes 4 de abril de 2008
 
Opinión
 
Cuba: del azadón al celular con hotel incluido

Aurelio Pedroso (La Habana)

Las prohibiciones “más sencillas” al decir del presidente Raúl Castro han comenzado a pasar a la historia. Hoy los cubanos ya pueden portar un celular, alojarse en un hotel, comprar un medicamento por receta en cualquier farmacia o adquirir un ordenador o un DVD.
Medidas que, de entrada, no implican ningún coste significativo para el Estado y sí ganancias a mediano, corto y largo plazo, amén del factor psicológico que entraña la prohibición.

De seguro vendrán otras nuevas buenas. Más de un millón de propuestas fueron formuladas por los cubanos a partir de una singular convocatoria lanzada por el propio  Raúl para someter a examen la realidad en la isla.

Grandes, pequeños y medianos medios se han encargado de hacerlo saber por el mundo y salvo contadas excepciones le han dado igual valor noticioso o revelador a la señora que se ha ido a comprar una reproductora de imágenes como al campesino que por vez primera en más de 40 años  ha acudido a la tienda para adquirir un azadón en moneda dura.

Y he aquí uno de los matices de esta apertura, que bienes y servicios deben ser abonados en pesos convertibles y no en pesos cubanos que son los que se reciben como salario. Las autoridades bancarias locales calculan entre un 60 y 70% la cantidad de cubanos que tienen acceso a la divisa, que proviene fundamentalmente de las remesas que cubanos en  el exterior envían a la familia.

De momento, una de las medidas más significativas y menos divulgada es la relacionada con la reforma agraria que está tomando curso en la isla.
Con casi un 50% de la tierra cultivable en estado ocioso o poco productivo, el Gobierno ha comenzado la entrega de tierras en usufructo a campesinos individuales, agrupados en cooperativas o bajo jurisdicción estatal.

En cada uno de los 169 municipios del país están tomando posesión de sus cargos los delegados del Ministerio de la Agricultura investidos en esta ocasión de poderes similares a pequeños ministros con capacidad de decidir entregas de tierras, fijar precios de compraventa y dirimir cualquier contratiempo que antes debía ser solucionado en las altas y burocráticas esferas ministeriales.

En los últimos años, los campos cubanos han sido tomados por asalto por el marabú, una maleza de rápido crecimiento y engorrosa eliminación, lo que ha conducido a la necesidad de importar de cercanas y lejanas naciones productos agrícolas.
Si bien las primeras decisiones no revisten una importancia vital, esta de la tierra que comienza habrá que seguirla muy de cerca porque el componente privado jugará un importante papel en la alimentación.

Cuba ha comenzado a abrirse al mundo, como reclamara hace diez años el Papa Juan Pablo II. Es sólo el comienzo, aunque algunos opositores locales hablen de que se trata de una simple pantomima.

Optimistas y pesimistas los hay. Ahora, que todo apunta a un nuevo fortalecimiento de las relaciones ruso-cubanas en las grandes inversiones vale la pena recordar ese refrán ruso de que los optimistas inventaron el avión, mientras que los pesimistas el paracaídas.
 
 

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